– XXV –

Este capítulo corresponde a la cuarta grapa, según la designación del Señor.

En visión, el profeta contempla todo nuestro planeta y alrededor en toda su extensión existe um muro; este muro es muy ancho y recto. A lo largo del muro existen muchas puertas abiertas, alternando entre unas puertas luminosas (como si en su interior existiese mucha luz) y otras oscuras (como si en su interior existiese oscuridad).

Frente a este muro existen también muchas puertas abiertas, encajadas en un muro aparente, pues no es visto cualquier suporte que las sustente a un muro físico. Del interior de estas puertas comienza a salir mucha gente: algunas personas son ciegas, otras cojas, otras moribundas, más la mayoría de ellas son personas normales, sin ninguna deficiencia.

Esta multitud que sale por estas puertas que no tienen ningún sustento, se encaminan para las otras puertas que se encuentran en frente y que están en el muro que rodea la Tierra. Una parte de esas personas entra a través de las puertas luminosas y la otra parte entra por las puertas oscuras.

Aquellos que entran por las puertas luminosas sienten alguna dificultad en cruzarlas; más persisten en el intento, y su esfuerzo es compensado y al cruzar las puertas sienten mucha alegría. Las otras personas que buscan las puertas oscuras no tienen ninguna dificultad en cruzarlas; pues parece que alguien las abre desde el interior, facilitándoles la entrada.

Por ambas puertas pasan el mismo tipo de personas – los ciegos, los cojos, los moribundos y también aquellos que no tienen ninguna deficiencia.

En cuanto el profeta observa esta escena extraña, surgen por detrás de las puertas que no tienen ningún soporte, y de donde salieron todas las personas, dos templos enormes. Ambos templos parecen tener vida, pues se mueven sobre la tierra.

El templo de la izquierda procura avanzar, mas no puede, porque el templo de la derecha no lo permite, pues es el que tiene el poder de decisión; solo este templo de la derecha puede avanzar o parar sobre la tierra.

Entonces el templo de la derecha avanza y en su paso, comienza por derribar todas las puertas que no tiene ningún soporte; después, toma posesión de todas las puertas luminosas que están a lo largo del muro que envuelve el planeta.

Pasamos a nuestro discernimiento de la visión, definiendo tres cuadros proféticos para volverlos comprensibles.

El primer cuadro profético nos muestra que en toda la Tierra existen comunidades que predican el Evangelio de la verdad (puertas luminosas), mas también existen otros lugares en que la verdad del Evangelio es sustituida por la falsedad y la religión de la apariencia (puertas en oscuridad).

Todas las personas, necesitadas o no (las personas sanas y las deficientes), buscan satisfacer sus anhelos espirituales, buscando la resolución de sus problemas a través de la religión (entran por las puertas).

El segundo cuadro profético presentanos dos grupos distintos de personas que hacen parte de la multitud. El primer grupo opta por la verdad del Evangelio (entra por las puertas luminosas); las personas que hacen esta opción tienen alguna dificultad en vivir el verdadero Evangelio (sienten alguna dificultad en entrar en esta puerta), pues seguir a Jesus como único Camino, Verdad y Vida, tiene sus costos en renuncia de la carne y perseverancia, para vivir Su doctrina. Jesus es esta “puerta luminosa”.

Después vemos el premio para todos aquellos que consiguen entrar por esta “puerta luminosa”, venciendo todo  tipo de dificultades: Yo soy al puerta: si alguien entra, por mí, se salvará, y entrará, y saldrá, y hallará pastos.” (Juan 10:9)

El segundo grupo opta por la aceptación del error doctrinario proclamado por los hombres; pues estos adoctrinadores les apuntan un camino de facilidad (la puerta parece que se abre automáticamente), sin necesidad de un nuevo nacimiento o regeneración (Juan 3:3). Jesus continúa alertando la humanidad para este peligro, mostrando siempre el verdadero Camino: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que conduce a la perdición, y muchos son los que entran por ella; y porque estrecha es la puerta, y estrecho el camino que lleva a la vida, y pocos hay que lo encuentran.” (Mateo 7:13-14)

Los que optan por aceptar una religión sin vida, viviendo una piedad aparente, serán en breve confrontados con la realidad de la Vuelta del Señor Jesus y serán por El rechazados, como es dicho en el libro de la Revelación: “Quedarán fuera los perros (falsos obreros que introducen falsas doctrinas y desvían las personas de la Verdad) y los hechiceros, y los que se prostituyen, y los homicidas, y los idólatras, y cualquiera que ama y comete la mentira.” (Apocalipsis 22:15)

En el tercer y último cuadro profético nos es mostrada la victoria final de nuestro Dios. No existirán más diversas iglesias a anunciar el Evangelio verdadero (las portas luminosas), ni otras tantas a proclamar el error y la falsa religión (las puertas escuras). Satanás ha engañado a la humanidad por milenios, más su mentira será en breve desenmascarada y tendrá un fin dado por Dios.

En breve un “Nuevo Templo” será levantado al Señor, y los hombres adorarán a Dios, como El desea ser adorado.

En la visión también nos son mostrados dos templos: el templo de la izquierda es identificado con la proclamación de la mentira, a través de la falsa religión. Este tiempo de apostasía es identificado en la Escritura: “Mas el Espíritu expresamente dice que en los últimos tiempos apostatarán algunos de la fe, dando oídos a espíritus engañadores, y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de hombres que hablan mentiras, teniendo cauterizada su propia consciencia … “(I Timóteo 4:1-2)

Aunque la doctrina de las tinieblas procure suplantar la verdad (el templo de la izquierda procura avanzar primero), no conseguirá su intento, pues el Señor antes de comenzar Su gran juicio sobre la Tierra, retirará primero de la convivencia de los hombres aquellos que Le pertenecen. Tenemos un ejemplo claro en la Escritura, cuando la liberación de Lot y sus familiares, de la ciudad corrupta de Sodoma. Dice la Escritura, cuando uno de los ángeles habló a Lot: “Apresurate, escapa para allí; porque nada podré hacer, en cuanto no hubieres allí llegado …” (Génesis 19:22)

Después de llevar de esta Tierra todos los Suyos, el Señor hará desmoronar el sistema religioso que se encuentra fuera de la Verdad, liberando el hombre del error y de la superstición (el templo de la derecha derrumba todas las puertas que no tienen sustentación). Después, “La Nueva Jerusalén que desciende del Cielo” (Apocalipsis 21:10), como la verdadera doctrina del Señor aglutinará todos los dispersos, haciendo de ellos un solo rebaño, siendo Jesus como único Pastor.

Luego en seguida el poder de las tinieblas avanza (con permiso del Señor) e impera por un pequeño lapso de tiempo (cuando el templo de la izquierda toma posesión de las puertas que se encuentran en oscuridad). También este tiempo profético es descrito en la Escritura: “… Ay de los que habitan en la tierra y en el mar; porque el Diablo descendió a vosotros, y tiene gran ira, sabiendo que ya tiene poco tiempo.” (Apocalipsis 12:12)

Se sigue la vitoria final de Jesus, cuando todas las cosas estuvieren cumplidas. La Escritura ordena estos acontecimientos de la siguiente forma: “Porque, así como todos mueren en Adán, así también todos serán vivificados en Cristo. Mas cada uno por su orden: Cristo las primicias, después los que son de Cristo, en su venida. Después vendrá el fin, cuando hubiere entregado el reino a Dios, el Padre, y cuando hubiere aniquilado todo el imperio, y toda potestad y fuerza (…) Y, cuando todas las cosas le estuvieren sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará a aquel que todas las cosas sujetó, para que Dios sea todo en todos.” (I Coríntios 15:22-28)

Los próximos capítulos de esta obra serán importantes, pues a través de la visión que a continuación registramos, nos fue anticipada esa información.

El profeta observa una bobina enorme de cable telefónico, que se encuentra en una calle, presta a ser desenrollada y el cable telefónico extendido a lo largo de la calle. Cuando uno de los trabajadores tira del cable telefónico, este se transforma en una cinta métrica que después de extendida sobre el suelo, dejó ver destacados dos números: 26 y 27, que corresponden a los dos próximos capítulos.

En cuanto el profeta observaba estos números, alguien (un ángel) colocó en sus muñecas un par de esposas. La esposa de la muñeca derecha corresponde al número veinte y seis (capítulo 26) y la esposa de la muñeca izquierda, corresponde al número veinte y sete (capítulo 27).

Así, entendemos que las revelaciones de los dos capítulos siguientes (XXVI y XXVII) serán transmitidas al profeta, bajo de algunas luchas espirituales y físicas (las esposas).

El capítulo XXVI corresponde a la muñeca derecha del profeta (esposa de la derecha) y nos va a mostrar revelaciones ligadas a la iglesia del Señor, pues todo que es de la derecha está relacionado al mundo espiritual de lo Alto, y las personas que ansían el conocimiento del Señor por encima de tudo.

El capítulo XXVII corresponde a la muñeca izquierda del profeta (esposa de la izquierda) y nos mostrará revelaciones ligadas a la Tierra, pues todo que es de la izquierda está relacionado con el mundo y con las personas que continúan amando las cosas materiales y desprecian casi todo lo que es espiritual.

 Sigue otra revelación: En visión, el profeta se encuentra sentado de frente de una mesa, listo para escribir. Sus manos están posadas sobre la mesa y ambas están presas por las muñecas con las esposas que el Señor le colocó; además de esposado, el profeta tiene los brazos paralizados, no pudiendo mover ninguna de sus manos.

De repente, su mano derecha comienza a moverse y el escribe las palabras que oyó del Señor, pronunciadas del Cielo: “Comienza a escribir la profecía.”

Después oye nuevamente la voz del Señor, ahora pronunciadas de la Tierra: “Es hora de que comiences a escribir la profecía de la Tierra.”

El profeta sabe que escribió algo sobre una hoja de papel, conforme lee fue dictado por el Señor, mas no se recuerda de las palabras que allí registró.

En seguida, le es dada otra visión: Él ve muchas enfermeras de un enorme hospital (tiene la percepción de ser un hospital que engloba todos los hospitales en la faz de la Tierra). Dentro de esas enfermerías están personas casi moribundas; estas personas son incapaces de moverse. Existen otros enfermos también con enfermedades graves; más estos consiguen levantarse de sus camas y andar. De repente, los enfermos que estaban casi moribundos se levantan de sus camas y comienzan a caminar sin dificultad, pues fueron curados milagrosamente por el Señor. Los otros enfermos que aún podían levantarse y andar, al revés, quedan paralizados en sus camas.

En ese momento, desciende del Cielo un rayo, parecido con un rayo láser; de dentro de ese rayo se oye una voz tenue. Cuanto más el rayo luminoso se aproxima a la tierra, más alta es oída esa voz. Sin tocar en el suelo, este rayo luminoso se bifurca en dos, formando una “V” invertida y la voz se oye ahora con claridad, decir: “Tú estás curado.” Estas palabras fueron dirigidas a todos los moribundos que salieron de sus lechos y ahora caminaban en perfecta salud. Nos Extrañamos que el Señor se haya dirigido a tantos, usando la expresión “tu”, como Si estuviese hablando con una sola persona.

Después la voz del Señor se hizo oír de nuevo; ahora dirigiéndose a todos aquellos que quedaron retenidos en sus lechos y les dice: “Y vosotros también seréis curados.”

Oramos al Señor Pidiéndole esclarecimiento para esta visión extraña, siendo dicho por el Padre:

En breve enviaré a la Tierra Mi virus que matará el virus que en ella existe, y Mi virus curará el virus de la Tierra.

En breve escribirás esta profecía y ella será enviada a la Tierra, como el primer mensaje de alerta al mundo.

También te digo que todo aquel que engañe el virus que Yo enviaré a la Tierra, ese morirá.

Enviaré a la Tierra Mi virus que matará el virus de la Tierra, y curará el virus de la Terra.”

En cuanto el profeta oía del Señor estas palabras, observaba a la vista muchos lagartos arrastrándose sobre la tierra procurando comer alguna vegetación. Estos lagartos se sentían afligidos, pues ninguna planta existía sobre la tierra. De repente surgieron, mezclados con la tierra, millares de granos de color blanco (parecían granos de arroz). Los lagartos hambrientos comenzaron a triturar estos granos blancos y muchos de ellos al comer estos granos quedaban saciados; otros, al comer esos mismos granos blancos, morían instantáneamente.

En otra visión, el profeta ve dos montes hermanados: un monte es mayor que el otro y los dos forman una escalera.

Cada uno de los montes tienen una cruz.

Estos dos montes son transparentes, para que el profeta pueda ver su interior, pues de esa forma puede constatar que la base de las dos cruces allí existentes está al mismo nivel.
El tamaño de cada cruz exteriormente es el mismo a partir del suelo; más en el interior de los montes es diferente, pues la base de la cual comienzan está al mismo nivel. (Ver figura 7)

Preguntamos al Señor el significado de esta última visión, siendo dicho por el Padre:

“Sabreis todo, en las esposas veinte y seis y veinte y siete.”

En cuanto aguardamos estas revelaciones del Señor, analicemos el significado espiritual primario de los dos montes y de las dos cruces.

La colocación de estos dos montes significa espiritualmente las dos actitudes de la iglesia ante el Señor; el monte de la derecha representa la iglesia que busca el Señor con más interés, procurando no solo hacer Su voluntad, como también conocer Sus revelaciones (el monte es más alto). El monte de la izquierda representa la iglesia que busca el Señor y reconoce que En el existe salvación, mas no vive Su doctrina, pues su interés primordial está volviendo todavía para las cosas materiales (el monte de la izquierda es más bajo).

Pasemos ahora al significado espiritual de las dos cruces, tomando por base las palabras de Jesus, cuando convidó a todos para que Le siguiesen: “Y llamando a si a la multitud, con sus discípulos, les dice: Si alguien quisiere venir tras de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sigame.” (Marcos 8:34)

¿Porque entonces las dos cruces?; ¿y porque cada una de las cruces comienza en la misma base, en ambos montes? Porque, así como todos los hombres están en la misma posición de pecadores ante Dios (la misma altura de la base), también a todos los hombres les fue dada la salvación por Jesus de la misma forma (es obligatorio para cada uno llevar su cruz). Dice a Escritura: “Porque todos pecaron y destituidos están de la gloria de Dios; siendo justificados gratuitamente por su gracia, por la redención que hay en Cristo Jesus.” (Romanos 3:23-24)

Infelizmente, ni todos los hombres tienen el mismo interés en conocer el Señor de su Salvación y Buscarlo de todo corazón. Por esta razón las cruces son diferentes en tamaño.

La cruz de la izquierda es llevada por el creyente negligente y todavía bastante atraído por el mundo, por esa razón el monte correspondiente es menos alto y su cruz también.

A cruz de la derecha es soportada por el siervo del Señor que anda verdaderamente en el camino de su Maestro, Jesus, soportando toda prueba y tentación de este mundo. Esa es la razón por la cual el monte de la derecha es más elevado y su cruz también, pues este tipo de siervo tiene que subyugar muchos deseos carnales (más profundidad de tierra), para alcanzar la plenitud de la vida de Jesus y disfrutar de Su poder.

Jesus identificó estos creyentes sinceros comparándolos a la cantidad diferente de fruto que una semilla idéntica de grano dará en su recolecta. Dice el Señor: “Mas lo que fue sembrado en buena tierra es el que oye y comprende la palabra; y da fruto, y uno produce cien, otro sesenta, y otro treinta.” (Mateo 13:23)

Si algunos creyentes no entendieron aún el privilegio de renunciar al mundo, para entregarse completamente al servicio de Jesus, produciendo poco fruto (por ejemplo: los 30% mencionados por el Señor), otros hay, que tiene consciencia plena de su posición espiritual y buscan las cosas de lo Alto.

La Escritura estimula estos siervos, diciéndoles: “Por tanto, si ya resucitaste con Cristo, buscad las cosas que son de arriba, donde Cristo está asentado a la derecha de Dios. Pensad en las cosas que son de arriba, y no en las que son de la tierra; porque ya estas muertos, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” (Colosenses 3:1-3)

Esta también es la razón por la cual el tamaño de las dos cruces es diferente, mostrando que la oportunidad es dada a todos de la misma forma, más ni todos se apropian de ella, como dice la Escritura: “Y todos comieron de un mismo manjar espiritual. Y bebieron todos de una misma bebida espiritual (…) Mas Dios no se agradó de la mayor parte de elles, por lo que fueron dispersados en el desierto.” (I Coríntios 10:3-5)

Para ejemplificar que seguir al Señor Jesus tiene sus costos en renuncia y sufrimiento, registramos lo acontecido con la llamada de Pablo para el servicio del Maestro. Un siervo de nombre Ananías escuchó de Deus el mensaje que había de llevar al futuro apóstol: “Ve, porque este (Pablo) es para mí un vaso escogido, para llevar mi nombre delante de los gentiles, y a reyes y a los hijos de Israel. E eu lhe mostrarei quanto deve padecer pelo meu nome.” (Hechos 9:15-16)

Según esta revelación, cuanto más procuramos andar junto al Señor, tanto más la vida de Jesus es reflejada en nosotros, a través de todo tipo de pruebas. (Gálatas 4:19)

Isaías profetizó el sufrimiento de Jesus: «Todavía, al Señor agradó molerlo (o quebrantarlo), haciéndolo enfermar; cuando su alma se pusiera por expiación del pecado, tendrá su descendencia, prolongará los días; y el buen plan del Señor prosperará en sus manos.” (Isaías 53:10)

La vida de Jesus en la Tierra confirmó esta profecía, como atestigua el Nuevo Testamento: Aunque que era Hijo, aprendió obediencia, por aquello que padeció. Y, siendo el consumado (o perfeccionado), vino a ser la causa de eterna salvación para todos los que le obedecen.” (Hebreos 5:8-9)

Figura 7

  1. Línea de suelo
  2. Mismo nível de base para las dos cruzes. Cada cruz es levantada en su monte; la altura de las cruces encima del tope de cada monte es idéntica.

Pasamos al análisis de otras revelaciones del Señor:

Nuestro Padre comienza por decir al profeta:

Comienza a escribir la profecía.

Es hora de comenzar a escribir la profecía de la Tierra.

En espíritu (en cuanto transcurría la visión profética) el profeta escribió algo, mas no se recuerda de ninguna palabra que escribió. Le fue revelado que solo más tarde el Señor irá a transmitir “la profecía sobre la Tierra”.

En otra visión, el Señor muestra los destinatarios de esta profecía.

Pasemos a analizar los cuadros proféticos de esta revelación.

En el inicio de la visión vemos que la humanidad doliente procura la cura para sus enfermedades espirituales (todos se encuentran en el hospital).

Despues analizamos estos dolientes; y a nuestros ojos unos podrán ser curados (aún pueden levantarse de sus lechos), en cuanto a los otros están al borde de la muerte (yacen en sus lechos ya moribundos).

Son precisamente estas personas que son curadas por el Señor en primer lugar (los moribundos), que Jesus identificó con estas palabras: “… Los sanos no necesitan de médico, mas, si, os que están enfermos: yo no vine a llamar a los justos, más si a los pecadores.” Aún es dicho por el Señor: “… porque el Hijo del hombre vino a salvar al que se había perdido.” (Marcos 2:17 y Mateo 18:11)

Estos moribundos descritos en la visión son todos aquellos que, por su incapacidad de llegar junto al Padre, serán más bienaventurados que de los otros, pues en su incapacidad solo el Señor los puede levantar. Todos ellos son curados y después caminan por su propio pie; siendo muchos, ellos forman una sola iglesia, un solo cuerpo. Esa fue la razón, por la que el Señor se dirigió a ellos como si estuviese hablando a una sola persona: Tú estás curado.

La Escritura define la iglesia como un cuerpo, cuando afirma: “Pues todos nosotros fuimos bautizados en un Espíritu formando un cuerpo, yanto judíos, como griegos, siervos, libres, y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. Porque también el cuerpo no es un solo miembro, más muchos (…) Ahora vosotros sos el cuerpo de Cristo, y sus miembros en particular.” (I Coríntios 12:13-14, 27)

En cuanto a los otros que también se encuentran bastante enfermos, pero aún pueden andar por su pie; representan los creyentes que tienen necesidades espirituales, más juzgan que su cura puede aguardar (porque pueden aún moverse libremente y salir de sus lechos por su propio esfuerzo), pues no se encuentran tan carentes como aquellos que ya están moribundos. Por esta razón, el Señor les bloqueó los movimientos, amarrándolos a la cama de su enfermedad, con el propósito de llevarlo al verdadero arrepentimiento y sientan la necesidad de Dios. En su angustia claman al Señor y las palabras del Padre son de igual modo amorosas para con ellos: Les dice el Señor: Y vosotros también seréis curados.”

Estos creyentes en breve serán restablecidos espiritualmente (más curados en segundo lugar), y también harán parte de la iglesia de Jesus.

Analicemos ahora las palabras que nos fueron dirigidas por el Padre, explicándonos la visión anterior. Destacamos la palabra En breve, pues ella es pronunciada por el Señor dos veces y cada una de las veces que es pronunciada, anuncia un tiempo diferente.

Así en la primera profecía se dirige a aquellos que se encuentran moribundos, contaminados con las doctrinas del mundo y el materialismo (virus del mundo). A estos, dice el Señor: En breve enviaré a la Tierra Mi virus que matará el virus que en ella existe, y Mi virus curará el virus de la Tierra.” Parafraseando estas palabras del Señor, decimos nosotros: “En el próximo tiempo profético, enviaré a la Tierra una nueva profecía que aniquilará todo el error doctrinario extendido a lo largo del tiempo; entonces ‘Mi Nueva Revelación Viva’ prevalecerá sobre la Tierra, curando todos aquellos que fueron contaminados con las doctrinas falsas y por ellas se vieron obstaculizados sus movimientos, impidiéndolos aproximarse a Mi.”

Creemos que estos creyentes que fueron curados por el Señor en primer lugar, también serán arrebatados de esta Tierra por el poder de Dios, en primer lugar. Este arrebatamiento será una gran señal para la iglesia general y para el mundo incrédulo, llevando a muchos buscar seriamente a Dios (Apocalipsis 12:5).

Por la segunda vez el Señor pronuncia nuevamente la palabra – “En breve”.

Como las primeras personas que fueron curadas fueron atraídas por el Señor para su trono (en el primer arrebatamiento), como si fuesen una sola persona, el Señor ahora, transmite a los restantes una profecía de ánimo y de esperanza. Dice el Señor: “En breve escribirás esta profecía y ella será enviada a la Tierra, como el primer mensaje de alerta al mundo.” También iremos a parafrasear estas palabras del Señor: “Cuando Yo hubiere arrebatado de esta Tierra Mis hijos que curé en primero lugar, haciendo de ellos un solo cuerpo – que es Mi iglesia fiel – tu, profeta, escribirás como primera advertencia una profecía dirigiéndola a toda la Tierra. Esta profecía será una alerta, como otrora hizo con la generación de Noé (Génesis 6:13-14) y en el tiempo del ministerio terrenal de Mi Hijo, cuando El advirtió a los judíos incrédulos sobre la destrucción de su nación (Lucas 21:24).”

La advertencia del Señor continua: También te digo que todo aquel que engañase el virus que Yo enviaré a la Tierra, ese tal morirá.” Parafraseando estas palabras del Señor, decimos: “Profeta; te digo que todo aquel que altere el mensaje de Mi Nueva Revelación Viva’, omitiendo Mi Palabra o alterando su contenido, ese tal no heredará la vida eterna y morirá espiritualmente.”

Esta advertencia del Señor también fue escrita en el libro de la Revelación: “Porque yo testifico a todo aquel que oiga las palabras de las profecías de este libro que, si alguien acrecentare alguna cosa, Dios hará venir sobre el las plagas que están escritas en este libro.” (Apocalipsis 22:18)

El Señor termina Su revelación repitiendo las palabras que había pronunciado en el inicio: Enviaré a la Tierra Mi virus que matará el virus de la Tierra, y curará el virus de la Tierra.”

En la otra visión dada al profeta, el Señor muestra el estado deplorable de la Tierra, pues se encuentra despojada de cualquier vegetación. Este cuadro profético identifica la gran dificultad del hombre en escudriñar la Verdad, pues no encuentra en la tierra vegetación para alimento. Como ovejas del Señor precisamos de alimento (la vegetación, comparada al alimento de la Palabra), mas no existe. Se cumple así la profecía de Isaías, cuando dice: “Por el que el juicio se quedó atrás, y la justicia se puso lejos; porque la verdad anda tropezando por las calles, y la equidad no puede entrar. Si, la verdad desfallece, y quien se desvía del mal arriesgase a ser despojado; y el Señor vio, y Le pareció mal a sus ojos que no hubiese justicia (…) por lo que su propio brazo le trajo la salvación, y su propia justicia lo sostuvo.” (Isaías 59:14-16)

En esta visión el Señor compara aquellos que están hambrientos de Su palabra a pequeños lagartos que buscan alimentarse, mas no lo consiguen porque la tierra no tiene plantas. Después el Señor hace un milagro; haciendo surgir um tipo de “maná” que es Su doctrina pura (los granos blancos que surgen sobre la tierra).

Para millares de creyentes, esta Verdad que surge espontáneamente puede ser comparada al maná que fue el alimento del pueblo judío en el desierto (Exodo16:11-15); es un alimento salido que fortalece su fe (muchos lagartos se alimentan de los granos blancos y son saciados); más para otros, este alimento es mortífero espiritualmente (otros lagartos comen el mismo alimento y mueren instantáneamente), porque no asimilan la doctrina de Jesus, pues esta solo tiene verdadero efecto cuando es puesta en acción, como fue dicho por Jesus:

“Os afirmo en verdad y para todas las eternidades: Quien no se vuelva perfecto en la aplicación de Mi Doctrina, permaneciendo apenas oyente y, una vez por otra, admirador y elogiador de la misma, no recibirá Mi Espíritu, y todo Mi enseño poco o mismo nada le hará avanzar. Pues, en seguida la muerte, estará con el alma desnuda y recordará tanto de Mí y de Mí Verbo como se jamás hubiese tenido información al respecto, hecho muy natural.” (El Gran Evangelio de Juan – V – 121:4)

También la Escritura dice que la predicación de la Palabra de Dios, oída por los hombres, si no estuviere ligada a la fe verdadera, no tiene cualquier provecho; a unos alimenta y da vida, porque tiene fe; al revés, a otros, mata porque están en un estado de incredulidad, aunque tengan necesidad de Dios: “Porque también a nosotros fueron predicadas las buenas nuevas (o evangelio), como a ellos, más la palabra de la predicación nada les aprovechó, por cuanto no estaba mezclada con la fe en aquellos que la oyeron.” (Hebreos 4:2)

Ante este cuadro terrible, quedamos tristes; más la Escritura tiene la explicación para este acontecimiento cuando distingue aquellos que son siervos y aquellos que no desean ser, pues no quieren pasar por la experiencia del Nuevo Nacimiento, o regeneración (Juan 3:3)

La Escritura distingue estos dos tipos de creyentes: “Ofrece a Dios sacrificio de alabanza, y entrega al Altísimo tus votos. E invocame en el día de angustia; yo te librare, y tú me glorificarás. Mas al impío, dice Dios: ¿Que tienes tu que recitas mis estatutos, y que tomas mi pacto en tu boca, pues aborreces la corrección, y lanzas mis palabras para detrás de ti?” (Salmo 50:14-17)

Fue dada al profeta otra visión, en que la ve un gran olivar con todos los olivos cargadas de fruto. Es tiempo de colecta y un recolector está procediendo a coger de los frutos de los olivos. Después de la colecta, los olivos son inspeccionados para ver si algún fruto quedó por coger.

Aunque la colecta de las aceitunas se haga en el invierno, el profeta ve que esta colecta está siendo hecha en un día luminoso de Sol y con mucho calor.

Al lado de este olivar está un árbol extraño. Mirando a simple vista, parece un olivo; más cuando se observa al por menor, se ve que el mismo tiene un aspecto extraño y no es comparado a ningún árbol conocido en la Tierra. Suspendido en una de las ramas de este árbol está un hombre vivo, colgando por los pies y con la cabeza inclinada en el suelo; al lado izquierdo del rosto está junto a la tierra y al lado derecho del rosto, tiene por encima una gran piedra. Aunque esta piedra sea grande y pesada, el rosto del hombre se mantiene intacto, sin cualquier señal de aplastamiento o sangrado.

El discernimiento de esta última visión sigue la misma línea profética de las anteriores: El gran olivar representa la iglesia del Señor en la faz de la Tierra y los frutos son Sus siervos que hacen parte de ella. Está llegando la hora de la colecta y el Señor Jesus está “cosechando” Sus siervos, para arrebatarlos para Si y para Su Trono. Ni uno faltará a la llamada para este día glorioso (los olivos fueron inspeccionados, para ver si algún fruto había quedado).

Conviene señalar que el tiempo de la colecta (el primer arrebatamiento de la iglesia) no corresponde al tiempo normal de la colecta de los olivos, pues este es hecho en la estación del inverno, y en la visión la colecta está siendo hecha en el Verano.

El extraño árbol, que parece ser un olivo mas no lo es, representa la falsa iglesia, creada por Lucifer/Satanás para atraer la adoración de los hombres para sí, desviándolos de la verdadera adoración a Dios. El mismo será castigado por el Señor, y el instrumento de su castigo es precisamente la falsa iglesia que el creó y mantuvo a lo largo de los siglos (el hombre se encuentra cabeza para abajo, suspendido del extraño árbol). Su cabeza está posada sobre la tierra; del lado izquierdo de su rosto (todo aquello que está relacionado con la materia y las atracciones del mundo) se funde con el propio suelo; más su lado derecho, representando todo el conocimiento que este ángel tiene de las cosas espirituales, pues otrora el fue el portador de la luz (Lucifer), está subyugado por una gran piedra, y esta Piedra simboliza espiritualmente el Señor Jesus y Su poder (Hechos 4:11). Lucifer/Satanás no se levantará más para engañar a la humanidad, pues llegó la hora de su juicio y el Juez es el Rey de reyes, la Piedra fundamental angular, Jesucristo: “… sobre esta piedra (Jesus) edificaré mi iglesia, y las puertas del inferno no prevalecerán contra ella.”

Aún es dicho por el Señor: “Y quien caiga sobre esta piedra se despedazará; y aquel sobre quien ella caiga quedará reducido a polvo.” (Mateo 16:18; 21:44)

El Señor reveló al profeta Jakob Lorber, lo que acontecerá en el tiempo en que el paganismo de ’La Gran Babilonia’ fuera juzgado. Citamos parte de un esclarecimiento, dado por Jesus a Sus apóstoles sobre este nuestro tiempo: “Digo Yo: Sed mejor que vosotros cuando el momento es oportuno, y más allá de eso ya os dije mucha cosa que acontecerá, porque no puedo alterar el libre albedrio. Desde Mi nacimiento comenzó el juicio de los paganos, en toda parte, y proseguirá en un crecimiento hasta alcanzar dos mil años (…) Cuando en el horizonte de la aurora espiritual surgieren los mensajeros luminosos, será prueba de que en breve seguirá el gran Sol de la Vida y de la Verdad. Su Luz clarísima será un juicio inclemente de toda la mentira y mistificación que, juntamente con sus adeptos devotos y pompa mundana, serán arrojados en el abismo del desprecio, de la justa ira y del olvido. Y las criaturas iluminadas no más se recordarán de la mentira y del juicio. Percibiereis que las nubes anteriormente negras y amenazadoras comienzan a recibir friso dorado; también notareis que en aquella época las criaturas antiguamente ignorantes y enemigas de la Luz de la Verdad, son iluminadas por todos los lados, transformándose en adversarios de la mentira. Tal iluminación, aproximándose como presagio del Sol de la Verdad de los Cielos, será Mi símbolo como Hijo del hombre para todos los representantes de la verdad en la Tierra y al inicio del gran juicio de la prostituta de la nueva Babel (…) Cuando hubiere surgido el pleno Sol de la Verdad, su Luz penetrará en todos los escondrijos, cavernas y grutas, y los enemigos de la Luz no más tendrán refugio en la Tierra Nueva. Yo mismo seré la Verdad eterna en aquel Sol y por Su Luz, Soberano y Guia de su vida y de su destino, temporal, espiritual y eterno …” (El Gran Evangelio de Juan – volumen VIII – 46:2,5-8)

Con esta cita terminamos este capítulo XXV.

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