– XXIV –

Este capítulo corresponde a la tercera grapa, y el Señor va a revelarnos nuevos secretos sobre Su Venida.

Esta nueva profecía tendrá que ser revelada por el Padre a lo largo de los veinte y dos capítulos que faltan para terminar esta obra; pues la misma tiene cuarenta y cinco capítulos, como nos fue mostrado al inicio.

La visión dada al profeta y registrada a continuación, ya hace parte de esta nueva profecía.

Junto a un rio (el rio del Señor) están muchas conchas; unas conchas están abiertas y tienen color blanco y las otras conchas que están cerradas tienen color beige.

Junto a las conchas y en actitud de vigilancia, se encuentra un hombre (ángel), que comienza a hablar a las conchas abiertas; estas no solo oyen como también entienden la voz del hombre (ángel).

Este les dice: “¡Cantad!”

Se oye un cantico en lengua desconocida, entonado por las conchas que se encuentran abiertas. Este cantico es una alabanza a Dios, más al mismo tiempo ejerce el poder de llamar a las conchas que aún se encuentran cerradas; estas, al oír el cantico comienzan a aproximarse de las otras conchas.

Seria supuesto que las conchas cerradas, al oír el cantico entonado por las conchas abiertas, también se abriesen a la luz del Sol, más eso no acontece.

Como el cantico continuo a ser entonado, a determinada altura las conchas cerradas comienzan a retroceder, apartándose de las conchas abiertas.

Entonces el hombre (ángel) volvió a hablar a las conchas que están abiertas y con autoridad el repite:

“¡Cantad!

¡Volved a cantar!

Está llegando el tiempo de que Yo separe las aguas.”

Las conchas abiertas comenzaron a cantar con más intensidad, más las otras conchas al oír de nuevo el mismo cantico, se apartaron todavía más.

Las conchas abiertas, tras entonar su alabanza por tres veces, conforme indicación del ángel del Señor, ganan alas, y todas ellas vuelan para lo Alto, desapareciendo en el Cielo. Las otras conchas continúan cerradas e inmóviles y en ese momento son envueltas por una densa oscuridad.

Esta visión es bastante esclarecedora, pues nos muestra los acontecimientos que en breve han de acontecer; estos acontecimientos van a envolver a toda la iglesia, conforme es descrito en la Escritura (I Corintios 15:51-52; I Tesalonicenses 4:16-17). Infelizmente, ni todos los siervos de Dios que aguardan esta bienaventuranza participarán del primer arrebatamiento; solamente aquellos que en ese momento estarán atentos a la voz del Padre; los otros aun van a permanecer en la Tierra por algún tiempo, y solo después de que parte de la iglesia sea arrebatada serán despertados espiritualmente.

En la visión que fue descrita, todos los siervos del Señor son comparados a conchas. Las conchas abiertas y de color blanco representan aquellos que oyen la voz del Padre y Le obedecen, testimoniando a los otros la bienaventuranza que se aproxima (entonando el cantico de alabanza); las conchas cerradas y de color beige representan los creyentes adormecidos y todavía envueltos por el mundo. Para estos, el cantico profético, anunciando el arrebatamiento para en breve, no es de su agrado.

Físicamente las conchas abiertas debían estar sin vida, pues el molusco existente en su interior había desaparecido, más no vemos eso a través de su comportamiento. Esta aparente muerte física representa el mayor vigor espiritual; pues demuestra que la carnalidad del hombre fue subyugada por la vida del Espíritu de Dios, regenerando este mismo hombre tornándolo fructífero en sus actos de caridad, como demonstración de su amor a Dios.

Jesus comparó nuestras vidas a las simientes de trigo que son lanzadas a la tierra y tienen que morir para dar fruto. Dice el Señor: “… si el grano de trigo, cayendo en la tierra, no muere, queda el solo; más si muere da mucho fruto. Quien ama su vida la pierde, y quien en este mundo aborrece su vida, la guarda para la vida eterna.” (Juan 12:24-25)

Todavía es dicho en la Escritura: “Sabiendo esto, que nuestro hombre viejo fue con el (Jesus) crucificado, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, para que no sirvamos más al pecado.” (Romanos 6:6)

En cuanto a las conchas que se encuentran cerradas, físicamente debían estar vivas, pues el molusco aún estaba en su interior; no en tanto la realidad espiritual es contraria. Estos creyentes viven todavía una vida de egoísmo, cerrados en su amor propio, no dando por eso frutos que agraden al Señor, ni tan poco tienen placer en Su venida inminente; pues su existencia está por demás ligada al materialismo del mundo. Estas vidas, comparadas también a los granos de trigo están encuadradas en aquellos que no mueren y quedan solos. Jesus aun dice sobre estos que tienen el mundo como objetivo de su existencia: “… Cuidaos y guardaos de la avaricia; porque la vida de cualquiera no consiste en la abundancia de lo que posea.” (Lucas 12:15)

Aún es dicho en la Escritura sobre estos: “Si esperamos en Cristo solo en esta vida, somos los más miserables de todos los hombres.” (I Coríntios 15:19)

El hombre que vigila las conchas es el ángel del Señor, enviado por El, para estar junto a Sus siervos; el vigila sus pasos sobre la tierra, queriendo la unión de todos los creyentes, para que puedan participar colectivamente de la bienaventuranza del arrebatamiento.

Cuando el ángel ordena a los siervos fieles para alabar al Señor, estos Lo alababan en lengua extraña, por lo que la humanidad no puede entender las revelaciones del Señor, y consecuentemente participar de la bienaventuranza que ellos esperan, pues sus vidas aún se encuentran muy ligadas al materialismo y el lenguaje usado por los siervos de Dios es incomprensible para ellos.

Por esta razón, Jesus habló a las multitudes por parábolas, procurando despertar en algunos oyentes el interés por las cosas espirituales. Dice Jesus: “Por eso les hablo por parábolas: porque ellos, viendo, no ven; y, oyendo, no oyen ni comprenden. Y en ellos se cumple la profecía de Isaías, que dice: Oyendo, oiréis, mas no comprenderéis, y, viendo, veréis, mas no entenderéis. Porque el corazón de este pueblo está endurecido, y oían de mala gana con sus oídos …” (Mateus 13:13-15)

Ese fue el motivo por el cual las conchas continuaron cerradas y se apartaron de las otras. Proféticamente esto representa el desprecio de la mayoría de los creyentes ante las revelaciones del Señor, pues no las entienden, como dice la Escritura: “Ahora el hombre natural no comprende las cosas del Espíritu de Dios, porque le parecen locura; y no puede entenderlas, porque ellas se disciernen espiritualmente.” (I Coríntios 2:14)

El ángel del Señor aún insiste con las conchas que están abiertas y estas entonan nuevamente el mismo cantico. Como dijimos, estas conchas representan los siervos fieles, atentos a la voz del Señor, como dice la Escritura: “Mas lo que es espiritual discierne bien todo, y el de nadie es discernido. ¿Porque, quien conocía la mente del Señor, para que pueda instruirlo? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.” (I Corintios 2:15-16) Al revés, los otros oyen la Palabra por parábolas y no la entienden; no en tanto no buscan el conocimiento que viene de lo Alto para comprender los designios de Dios. A los primeros, porque buscan el conocimiento, les es dado el privilegio de conocer los secretos de Dios. Otrora Jesus dice a Sus discípulos, cuando estos procuraron saber el significado de las parábolas: “Porque a vosotros es dado conocer los misterios del reino de los cielos, más a ellos no les es dado.” (Mateo 13:11)

Debemos estar atentos a las palabras pronunciadas por el ángel del Señor; cada una de las tres órdenes dadas por el ángel corresponde a un período de tiempo profético, pues fue dicho:

“¡Cantad!

 ¡Cantad!

¡Volved a cantar!”

Después el mismo ángel del Señor pronunció estas palabras: Está llegando el tiempo de que Yo separe las aguas.”

Estas últimas palabras del ángel sean como una sentencia, pues determinan la hora en que el Señor hará la separación final entre aquellos que Le sirven verdaderamente Y aquellos que Le sirven por algún interés mundano; despreciando de esa forma las cosas espirituales.

El Evangelio relata las palabras de Jesus identificando este Tiempo del Fin “… el reino de los cielos es semejante a una red lanzada al mar, y que coge toda calidad de peces. Y, estando llena, cogen para los cestos los buenos; los ruines, por tanto, lanzan fuera. Así, será en la consumación de los siglos: vendrán los ángeles, y separarán los malos de entre los justos.” (Mateo 13:47-49)

Pasamos a otra visión, dada por el Señor al profeta. En esta visión se encuentran envueltos el profeta y su compañero “escriba”. Ambos tienen en la muñeca derecho un reloj; el reloj del “escriba” está adelantado un día, en relación al tiempo real y el reloj del profeta está atrasado un día, en relación a tiempo real.

El profeta preguntó a Señor: “Señor, ¿porque existe esta diferencia horaria en cada uno de nuestros relojes?”

El Señor le respondió: “El tiempo de él (del “escriba”) está en su tiempo y tu tiempo (del profeta) no está en tu tiempo; pues aun tienes algo para hacer en esta tierra.”

Tras oír estas palabras, el profeta vio nuevamente los dos relojes que ahora estaban encima de una roca. El reloj del “escriba” continuaba adelantado una hora en relación al tiempo real y marcaba un tiempo de Primavera: alrededor del reloj se veía mucha vegetación a florecer, bien como muchas golondrinas volando. El reloj del profeta continuaba atrasado una hora en relación al tiempo real, más el escenario que lo envolvía era de Otoño: las hojas de los árboles estaban amarillentas y comenzaban a caer en el suelo.

La figura profética de los dos siervos puede también representar al colectivo de la iglesia. En este caso, el reloj del “escriba” adelantado un día puede corresponder al primer arrebatamiento de la iglesia y la Primavera puede mostrar la estación del año en que se dará ese evento glorioso; pues es dicho de este siervo: El tiempo de él está en su tiempo.

En cuanto al profeta, puede este representar todos aquellos que aguardan la vuelta del Señor, más por comisión de Él aún tendrá algún tiempo más sobre la Tierra, para dar testimonio; pues es dicho por el Padre a Su siervo profeta: tu tiempo no está en tu tiempo; pues aún tienes algo para hacer en esta Tierra.”

Sobre el día atrasado que marcaba el reloj del profeta y la estación del año que le correspondía, Otoño, también por diversas veces el Señor nos reveló algo sobre esta estación del año, que corresponde en el calendario judaico al mes de Etanim, (Septiembre/Octubre).

Creemos que la hora marcada en el reloj del profeta corresponde a segundo arrebatamiento de la iglesia, y darse tal vez en el Otoño de determinado año.

Finalizando este capítulo, registramos un sueño dado por el Señor al profeta. En este sueño también los dos siervos (profeta y “escriba”) son participantes. Como en la revelación anterior, entendemos que la figura de los dos siervos puede representar el colectivo de la iglesia.

En determinado lugar, el siervo profeta se encuentra de pie, teniendo en la mano derecha una vara de madera. En ese momento el oye la voz del Señor, dándole entendimiento en cuanto al significado de la vara que tiene en la mano. Dice el Señor: “Esa es la vara de la profecía.”

Después de oír estas palabras, el profeta queda sorprendido, pues distanciado de si algunos metros, se encuentra su compañero “escriba”, teniendo el doble de su altura actual (parecía tener cerca de 4 metros). Este siervo del Señor traía vestido una túnica, idéntica a aquellas que eran usadas por los sacerdotes del Viejo Testamento. Esta túnica tenía alrededor de su borde muchas campanitas de oro, separadas entre sí por espacios regulares.

En cuanto al profeta observa a su compañero “escriba”, le fue revelado por el Señor que la túnica que este traía vestida representa la única y verdadera Iglesia.

En ese momento, surge un hombre de tamaño normal; este hombre trae en la mano derecha una vara idéntica a la del profeta y viste una túnica idéntica a la del “escriba”.

Oyese entonces la voz del Señor: “Este viene con tu apariencia (Refriéndose al profeta) y con la apariencia de Mi siervo (Refiriéndose al “escriba”).”

Pasamos al significado profético de los dos siervos (profeta y “escriba”), pudiendo cada uno de ellos representar una parte de la iglesia.

El siervo “escriba” puede representar aquellos de la iglesia que ya partieron para el Señor (en el primer arrebatamiento), siendo sobrepasado su estatura terrena y espiritualmente son vistos de otra forma, de ahí las vestiduras que le fueron dadas. En cuanto a la túnica con sus campanitas, pueden estas significar el tipo de tarea a entregar a este siervo. Existe un paralelo en la Escritura (Ver Exodo 28:33-35).

Sobre este enigma y otros, dice el apóstol Pablo: “Porque ahora vemos por reflejos en enigma, más entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, más entonces conoceré como también soy conocido.” (I Coríntios 13:12)

En este sueño, el profeta mantiene su estatura normal, porque aún va a permanecer en la Tierra por algún tiempo.

La vara en su mano derecha representa el poder y la dirección del Espíritu Santo, pues la mano derecha apunta para la ligación al Cielo.

Con este poder (la vara) el profeta en ligación con Dios (en la mano derecha) va a por algún tiempo más transmitir las revelaciones que le son enviadas de lo Alto.

Aún sobre la importancia del ministerio profético y de las profecías es dicho en la Escritura: No habiendo profecía el pueblo se corrompe; más el que guarda la ley, ese es bienaventurado.” (Proverbios 29:18)

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