– XXII –

Iniciamos este capítulo con un sueño que sigue el mismo tema de las revelaciones anteriores – el establecimiento del Nuevo Templo” y la adoración correcta al Senhor.

Era vista sobre la tierra un gran árbol de copa alta. Este árbol, muy antiguo, no envejecía y cada uno de sus ramas producía un fruto diferente.

Después del profeta observar el árbol, ve descender del Cielo centenas de aves luminosas y lindísimas (del tamaño de palomas), todas de colores diferentes. Esta bandada de aves coloridas era liderada por una paloma blanca.

La bandada se dirige para el árbol; cada ave se posa en una rama, nunca saliendo de ella en todo el tiempo. Las aves se alimentan del fruto de su rama y beben un líquido del interior de ese mismo fruto.

La paloma blanca sobrevuela el árbol, vigilando las otras aves mientras se alimentan.

Pasado algún tiempo, la paloma blanca alza el vuelo y todas las aves la siguen. Después las aves se dispersan y cada una escoge un área determinada de la Tierra donde permanece por doce días. En todo ese tiempo la paloma blanca sobrevuela la Tierra, vigilando el trabajo de las aves en los lugares que escogieron.

Terminados los doce días, la paloma blanca alza el vuelo de nuevo y todas las aves coloridas la siguen, retornando al árbol grande de donde habían salido. Cada ave se acomoda en la rama que anteriormente ocupara y allí permanece por más de doce días; siempre vigiladas por la paloma blanca.

Cuando las aves vuelven para el árbol grande, acontece algo en las áreas donde pasaron los primeros doce días. En cada una de esas áreas nace un árbol que da fruto según la especie plantada por la paloma, cuando allí estuvo durante doce días. Ninguno de los frutos producidos era igual a otro; cada una de las áreas tenía su fruto propio.

Terminados los doce días de permanencia en el árbol, se oyó la voz del Señor: “He aquí la raíz de los cielos que ha de plantar la Nueva Tierra y que ha permanecido a lo largo de los tiempos; quedará junto a la nueva planta de la tierra, porque ella no envejece.”

Vamos a analizar este sueño, según nuestro discernimiento:

Entendemos que el árbol representa la iglesia total en la faz de la Tierra, establecida por Dios y teniendo una matriz única, revelada por El. A lo largo de los siglos este árbol (iglesia) se ramificó; aun alimentándose del mismo tronco, cada rama se volvió independiente (religiones diferentes), produciendo su fruto propio. Esta ramificación del árbol se debe a la dispersión de los pueblos por la faz de la Tierra, cada uno organizando su propia religión.

Esta es la razón de existir sobre la Tierra millares de religiones y formas diversas de adorar lo Divino, teniendo la mayor parte de ellas alguna revelación en común. Mas la mayoría ya se volvió leyenda y no hay cualquier fundamento en Dios.

En todo este tiempo, Satanás inculcó en los pueblos la falsedad, apartando al hombre del Orden Divino, llegando hasta a paganizar el cristianismo. Mas Dios nunca dejó de tener Su pueblo fiel. A través de la Escritura y de La Nueva Revelación Viva el hombre no solo encuentra Dios si Lo busca con sinceridad, como poder conocer Su voluntad.

Antes y después del diluvio, el culto principal consistía en la ofrenda de animales considerados puros. Estos animales eran muertos y su sangre era derramada sobre la tierra; después eran quemados en holocausto al Senhor, quedando reducidos a ceniza. Esta era la forma de el hombre aproximarse a Dios. Mas tarde, conforme ordenanza de Dios dada a Moisés, surgió un culto más elaborado, manteniendo el mismo principio. (Éxodo 20:22-26)

En el mensaje del Nuevo Testamento, el propio Jesus orientó al hombre para Prestarle un culto digno y aceptable. Esta forma de adoración sigue el más alto patrón de conocimiento de Dios. Este culto no debe tener demonstraciones externas de adoración y religiosidad; el culto prestado a Dios debe ser efectuado en espíritu y en verdad, conforme orientación dada por Jesus (Juan 4:20-24). Mas el culto por excelencia es el servicio prestado al prójimo en nombre del Señor.

Los nuevos adoradores son la verdadera Iglesia de Jesus, por la cual El dio Su vida, lavándola por la Palabra que le dejó. (Efesios 5:25-26)

La iglesia debería haber orientado a sus seguidores a mantener el Evangelio de Cristo en su pureza original, más esto no aconteció, cayendo en la idolatría, superstición y falsas enseñanzas.

Jesus ya había dicho lo que iba a acontecer con Su doctrina en tiempos futuros. En la revelación transmitida al profeta Jakob Lorber es relatada una conversación del Señor con uno de Sus seguidores. Este estaba receloso de que la doctrina del Señor pudiese sufrir alteraciones, pues los testimonios eran muchos y cada uno podría naturalmente presentar los hechos de forma diferente. Dice Jesus: “Querido amigo, aunque derive tu preocupación de un corazón honesto, observa lo prematuro.

Es cierto que la doctrina no será mantenida entre todas las naciones, tan pura conforme la recibiste.

De aquí a algunos años surgirá una cantidad de evangelios, cada cual manteniendo la afirmación de contener la pura verdad, y mismo así no serán idénticos. Acontecerá algo mucho peor: Se presentará el príncipe de la mentira, testimoniando contra Mí y haciendo milagros, no obstante, falsos. Lanzará en el campo por Mi sembrado con simientes purísimas, el germen malvado de la hierba dañina para sofocar el trigo puro.

Todo esto, por tanto, no perjudicará Mi Verbo (la Palabra de Jesus) de la verdad; pues El será por vosotros transmitido oralmente, si con todo usáis las mismas palabras que Yo. También no será preciso, porque el espíritu intrínseco perdurará.

Quien cree en Mi y fuera bautizado en Mi nombre, por el agua y por el espíritu, recibirá Mi Espíritu, caminando en la luz de la verdad pura, temporal y eternamente (…) Quien posea el Espíritu de Mi Verbo no más necesitará de la letra, pues tendrá la doctrina pura. Yo permaneceré en Espíritu con los pocos, más verdaderos confesores, hasta el final de los tiempos en esta Tierra.” (El Gran Evangelio de Juan – V – cap. 120)

Así, el Señor siempre supo que Su doctrina sufriría modificaciones a lo largo de las épocas, más la Verdad del Evangelio perduraría – “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”. Siendo cumplida por muchos, cumplirá como dice Jesus, toda la Ley y los Profetas (Mateo 22:40). Los verdaderos seguidores del Señor Jesus serán orientados en todas las cosas por el Espíritu Santo, que los guiará en el camino de la eternidad con Dios.

Siendo el árbol descrito en el sueño, la iglesia, surge una pregunta: ¿Quién la fundo y quien fue su primer líder o sacerdote?

Esta respuesta no se encuentra en la Escritura, más fue revelada por el Señor al profeta Jakob Lorber, cuando Él le transmitía lo acontecido en los primeros días de la Creación. Dice el Señor:

” Después de ejecutar la Palabra de Dios y volver para los suyos, donde ofrendara el sacrificio, según el orden del Amor Eterno, y entregar a Adán el recipiente, el Amor Eterno habló a Abel por la boca del ángel: Hijo fiel de Mi Amor Misericordioso, acabo de nombrarte sacerdote y profesor de tus hermanos y consolador de tus padres. En cada sábado, antes de surgir el Sol, harás la ofrenda de los mejores y más puros frutos que aun he de designar más tarde; y la noche, en la puesta del sol, deberás encenderlos con el fuego del Amor que mostraré oculto dentro de la piedra, de donde siempre será extraído (…) Futuramente no Me ofrendarás frutos, como hiciste en la vuelta al monte de Jehová, y si de los primeros animales de tu rebaño que serán los frutos más bellos y puros de los cuales que ya te hice mención. Antes del sacrificio echarás leña seca sobre el altar y en seguida el animal, para después Agradecerme y prender fuego, que encontrarás dentro de la piedra, como te aconsejé.

Como prueba que tu sacrificio es de Mi agrado, el humo subirá ligero para el Cielo, como si tuviese mucha prisa. Dejarás la ceniza cubierta con una piedra tres días en el altar, y cuando fueras a retirar la piedra, un bello pájaro de plumaje luminosa se erigirá de la ceniza y volará en dirección al Cielo. En seguida, vendrá un viento fuerte que llevará la ceniza en todas las direcciones de la Tierra para la futura resurrección de la carne, o sea, las obras del verdadero amor, a través de la sabiduría del Espíritu Santo que será dado a los hijos, en la gran época de las épocas, y a todos los extraños que tuvieron voluntad para tanto …” (“La Creación de Dios” – Volumen I – cap.17)

Por la revelación dada a Lorber, sabemos cómo fue ofrecido a Dios el primero culto, y que Abel, hijo de Adán, fue el primero sacerdote de Dios sobre la Tierra. Este siervo fiel es el primer símbolo profético de Jesus, pues fue rechazado por su hermano Caín y asesinado por este. De la misma forma Jesus, el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, fue rechazado por Su pueblo (Juan 1:11) y asesinado por la casta sacerdotal en convivencia con los romanos. (Lucas 23:21-24)

La ligación profética entre Jesus y Abel es descrita en la Escritura: “Y a Jesus, el mediador de una Nueva Alianza, y a la sangre rociada, que habla mejor de lo que la de Abel.” (Hebreos 12:23)

El primer sacrificio requerido por Dios a Abel consistía de los mejores frutos de la tierra, quemados en holocausto, más futuramente el debería ofrendar de los animales de su rebaño para ser sacrificados en holocausto.

Los sacrificios de animales apuntaban proféticamente para el gran sacrificio de Jesus, pues solo este tuvo valor eterno, conforme es dicho en la Escritura (Hebreos 9:11-12). Vemos también otro símbolo profético en las cenizas que Abel debía cubrir con una piedra durante tres días, tras la ofrenda del sacrificio a Dios. En la época de las épocas habría de acontecer lo mismo con Jesus, que, tras Su sacrificio, El quedó sepultado durante el mismo período de tiempo (3 días y 3 noches).

Son mostrados dos símbolos proféticos más en la revelación dada por Dios a Abel: tras los tres días ordenados por Dios, la piedra que cubría las cenizas fue retirada por Abel y un ave de plumaje luminoso voló en dirección al Cielo. Este acontecimiento simboliza la resurrección gloriosa del Señor Jesus (Mateo 28:6; Marcos 16:6; Lucas 24:2,3,6; Juan 20:1). El segundo símbolo profético es el viento fuerte que lanza las cenizas a los cuatro cantos de la Tierra. Este viento simboliza el Espíritu Santo, mostrando a toda la humanidad el poder del sacrificio de Jesus para perdón de los pecados y para abrir a todos el camino para la Eternidad con Dios. (Juan 14:16-18; 16:7-14)

Volviendo al sueño, recordamos el árbol que no envejece y en cuyas ramas crecen frutos distintos. Representando este árbol a la iglesia de la antigüedad, citamos una revelación transmitida al profeta Jakob Lorber, sobre la descendencia de Hanoch, hijo de Caín. Observemos como la idolatría ya imperaba en estos pueblos, tan próximos de la revelación inicial, transmitida por el Señor a Adán y a su hijo Abel: “He aquí el esbozo de extrañas representaciones de ídolos en los templos. (…) En una distancia de un día de la ciudad de Hanoch (Hanoch/o Enoc, hijo de Caín – Génesis 4:17), en dirección al sur, fue erigido en una roca lisa, uno de los templos más sospechosos donde se veneraba el Sol. El santuario era totalmente redondo y una parte poseía una pared sólida; la otra era abierta y se componía de seis columnas en las cuales posaba un tejado. (…) En una región igualmente montañosa, al nordeste de Hanoch, fue construido un templo al dios del agua, donde se encontraba un gran lago de treinta millas de circunferencia. (…)

En la propia ciudad de Hanoch se erigió un templo milagroso y abierto todo el día. Cada visitante tenía que conformarse en ofrecer una gran ofrenda a las bellas sacerdotisas, a las semidiosas y principalmente a las diosas…” (“La Creación de Dios” – volumen III – caps. 243 a 248)

Continuando el análisis del sueño, consideremos el significado profético del período de tiempo (no mencionado) en que las aves coloridas se quedaban sobre el árbol, comiendo y bebiendo de los frutos; los doce días en que estuvieron en los territorios que escogieron; y a la altura en que fueron convocadas para recogerse en el árbol grande, hasta que el Señor pronunció las palabras: Esta es la raíz de los cielos que se ha de plantar la Nueva Tierra y que ha permanecido a lo largo de los tiempos; quedará junto a la nueva planta de la tierra, porque ella no envejece.”

Pedimos al Señor para esclarecernos estos cuadros proféticos. Pasado algún tiempo, nuestro Padre transmitió al profeta revelaciones esclarecedoras.

En visión el profeta ve surgir una tempestad de viento, acompañada de espesa niebla. Cuando la tempestad pasa, el profeta contempla de nuevo el árbol grande que no envejece. Del interior del árbol salen muchos troncos que son elevados al Cielo; estos troncos son tantos, en cuantas ramas del árbol. La parte externa del árbol, ahora hueca, quedó en la Tierra.

En el interior hueco del árbol nació un manantial de agua que se dividió en muchos canales, llevando el agua a los lugares en que las aves se habían mantenido durante doce días. En cada uno de esos lugares surgió un árbol de fruto.

Tras la visión, el Señor dice al profeta: “Coge una grapadora.” El siervo respondió que poseía tres de aquellos objetos. Entonces el Señor le reveló cuál de las grapadoras debía escoger. Cuando la cogió, el profeta oyó de nuevo la voz del Señor: “Abre ese, toma con cuidado las grapas y guardalas.”

El profeta obedeció y de nuevo oyó la voz del Señor: “Por una parte de un tiempo de cada, desprenderé una (grapa); lo que cae a la Tierra será el comienzo de cerrar el mundo y abrir para un nuevo nacimiento. Por cada hoja de Mi libro grapado, por una parte, de un tiempo en esta Tierra, será el comienzo de un nuevo nacimiento.”

En otra visión el profeta observa una extensa fila de hombres, mujeres, jóvenes y niños, caminando por un camino; estas personas estabam agrupadas por familias. En determinada altura, el camino se volvió costoso; aquellos que iban al frente miraban para atrás, certificando que los otros todavía los seguían.

Porque el cansancio era grande, los que iban al frente procuraban ayudar a los de la retaguardia, dándoles agua y alimento. En cierta altura, todos se debilitaron y el agua y el alimento escaseaba.

Los caminantes que estaban en medio de la fila de familias se juntaron a los de delante, formando un solo grupo. Entonces todos ellos comenzaron a aclamar a Dios, Pidiéndole para encaminarlos a un lugar donde existiese algo de agua. Por milagro del Señor, surgió en aquel mismo lugar una fuente de agua cristalina que sació a todos. Esta agua se volvió también alimento, pues revitalizaba la fuerza física, como si fuese un alimento sólido; esta agua también curaba las enfermedades del cuerpo. Esta bendición del Señor perduró a lo largo del camino.

Cuando llegaron al lugar determinado por el Señor, se encontraron con un verdadero paraíso. Además del paisaje verde y florido, se veía un rio con pequeños peces y muchas aves también pequeñas volando. En este lugar paradisíaco había un rebaño de ovejas pequeñas, y dos crias, una pequeña y un pequeño, estaban en medio del rebaño. Había también un monte alto y en la cima un enorme león rugía de felicidad con la llegada de toda aquella gente.

Se Oyo entonces la voz del Señor: “Este es el inicio por una parte de un tiempo, de un nuevo nacimiento.”

En la reunión que los dos siervos tuvieron para analizar estas revelaciones del Señor, comenzaron por contar el número de grapas que el profeta retiró de la grapadora y verificaron con sorpresa que eran veinte y cuatro (24). Este número de grapas corresponde al número de hojas (o capítulos) que faltan para terminar esta obra.

En seguida el Señor transmitió nueva revelación:

“Quitaré de esta Tierra algunas palmeras en el primer día, por causa de la contaminación que las rodea y las llevaré hasta Mi, y las purificaré por un tiempo allá en lo Alto. Y en el fin del primer tiempo que todavía rodea Mis palmeras, transformaré aquella corteza que es del hombre y la llevaré a un lugar, donde tendrá una única manera de habitar en esta tierra. Y traeré nuevamente aquellas palmeras, todas ellas ligadas en una sola raíz, todas ellas en una sola raíz, todas ellas en una sola raíz; y la dejaré quedar por un tiempo del segundo día. Y cuando llegue casi el termino de parte del segundo día, entonces sí: Yo mismo vendré a buscarla, y ya ella estará preparada, y ya la otra en su lugar.

No habrá más aquel riego dado por el hombre, no habrá más palmera, no habrá más palmeras.

Un solo trabajo en la Tierra, una sola mano en la Tierra y una sola mano de trabajo en el Cielo y encima de los cielos.

Estad atentos, porque cuando Mi pueblo oiga hablar de los frutos que tiene su agua doce para secar, es llegado el tiempo de todo cuanto fue dicho en este lugar.”

En cuanto el profeta oía la voz del Señor dictarle estas palabras, en visión el observaba un enorme templo de mármol en forma de pirámide. El templo tenía dos tipos de mármol: mármol color bronce y mármol color de cobre pulido.

La pirámide tenía una única puerta, grande y de formato cuadrangular. En el interior del templo había muchos ídolos en forma de hombre, todos cubiertos de oro.

En la entrada de la puerta, del lado de fuera, estaba un cordero de color rojo.

Alrededor del templo/pirámide flotaba un gran anillo que parecía un patio circular (parecido con los anillos del planeta Saturno); un león de color rojo andaba sobre este anillo, rodeando la pirámide.

 De repente surgen del Cielo dos ángeles que se posan en la entrada del templo junto al cordero rojo; el león vuela junto de los ángeles y del cordero.

Los dos ángeles, el cordero y el león entran en el templo. Pasado un poco de tiempo, salen todos juntos y cuando se encuentran en el exterior del templo/pirámide, este desaparece.

Pasamos al análisis de los diversos cuadros proféticos, procurando discernir cada uno de ellos y siguiendo el orden descrito.

En el primer cuadro nos es mostrada una tempestad de viento y niebla espesa sobre la Tierra. Espiritualmente, el viento representa la influencia del Cielo, o la influencia del inferno; en el caso presente este viento espiritual trae gran confusión sobre la humanidad, al punto de cegar los ojos espirituales de todos por algún tiempo. Esta gran confusión es representada peor la niebla espesa.

Cuando este tiempo de apostasía e ignorancia se disipa (cuando el viento y la niebla pasan), el gran árbol, símbolo de la religión establecida es observada con claridad; cuando esto acontece el Señor va a hacer separación, retirando de la Tierra Su verdadera iglesia (los troncos que salen del árbol y son elevados a los cielos). Nuestro Padre explica la razón por que arrebató algunos de Su pueblo junto de Si: Tomaré de la Tierra algunas palmeras (iglesias) en el primero dia, por causa de la contaminación que las rodea y las llevaré hasta Mi, y las purificaré por un tiempo allá en lo Alto.

En cuanto parte de la iglesia (palmeras) fue elevada al Cielo para purificación, el restante del llamado pueblo de Dios (el tronco hueco del gran árbol) quedará todavía en la Tierra, y del interior hueco de este árbol surge un manantial de agua que es canalizada a todos los puntos del planeta, irrigando las diversas zonas que adoran a Dios según sus ritos, teniendo cada una su religión propia. Esta agua, ahora canalizada, representa las verdades provenientes de Dios, que serán proclamadas con poder a través de La Nueva Revelación Viva, llevando la Verdad a todos los lugares, como fue otrora profetizado por Ezequiel: “Entonces me dice: Estas aguas (símbolo de la Palabra de Dios) salen para la región oriental, y desciende a campina (al lugar donde habita la mayor parte de la humanidad, pues en los montes se encuentran aquellos que buscan seriamente al Señor), y entran en el mar (donde se encuentra la religión firmada en la interpretación de la Palabra por su letra y en el culto externo); y siendo llevadas al mar, sanarán las aguas (La Nueva Revelación Viva, siendo llevada a los hombres cambiarán sus conceptos y los encaminará para la verdad del Evangelio de Cristo). Y será que toda criatura viviente que viniere por donde quiera que entren estos dos arroyos (un arroyo representa la Palabra de la fe y el otro la Palabra de la caridad) vivirá …” (Ezequiel 47:8-9)

Nos fue dicho por el Señor, sobre este acontecimiento extraordinario que en breve será una realidad: “… y en el fin del primer tiempo que aun rodea Mis palmeras (iglesias), transformaré aquella corteza (tronco hueco del árbol) que es del hombre y la llevaré a un lugar, donde tendrá una única manera de habitar en esta Tierra (las aguas que brotan del árbol como el Verbo de Dios).”

Tras esta visión que corresponde al primer cuadro analizado, el profeta tuvo otra revelación, cuando el Señor le manda contar las grapas de la pequeña grapadora. Cada una de los veinte y cuatro grapas que fueron retiradas de la grapadora, corresponde a un capítulo que falta para finalizar en esta obra; y cada uno de ellas tendrá una revelación específica sobre acontecimientos futuros; pues es dicho por el Señor: Por una parte de un tiempo de cada (cada grapa=un capítulo del libro), Desprenderé uno (el Señor dará una revelación especifica), y lo que cae a Tierra (cada revelación transmitida) será el comienzo de cerrar el mundo (será una revelación para determinado acontecimiento que mostrará al final de un ciclo) y abrir un nuevo nacimiento (juntamente con la revelación del juicio del Señor mostrará algo de maravilloso sobre el tiempo por venir). Por cada hoja de Mi libro grapado (los capítulos en secuencia, formando un conjunto de revelaciones), por una parte de un tiempo en esta Tierra (“El Nuevo Templo” tendrá la función de alertar a las personas durante algún tiempo, antes que acontezcan las profecías anunciadas), será el comienzo de un nuevo nacimiento (en medio de acontecimientos desagradables, la obra será un estímulo para aguardar el Nuevo Tiempo por venir, con plena confianza en el Señor que todo hará).”

Pasamos al segundo cuadro profético, en que el Señor muestra a toda Su iglesia, como si fuese una extensa fila de personas agrupadas por familias y dividida en tres secciones. Durante algún tiempo la fe y la confianza de la iglesia la lleva a proseguir, mismo en medio de grandes conflictos y situaciones desagradables. Mas surge el cansancio entre los más débiles en la fe (representados por los últimos de la fila). Jesus ya había alertado para estos tiempos difíciles, cuando en el ejercicio de Su ministerio terrenal, dice: “Y surgirán muchos falsos profetas, y engañarán a muchos. y, por multiplicarse la iniquidad (mucha injusticia), el amor de muchos se enfriará. Mas aquel que perseverare hasta el fin será salvo.” (Mateo 24:11-13)

Los siervos del Señor más iluminados y fuertes espiritualmente (los que caminan en el frente) se preocupan con los menos iluminados espiritualmente (los de la retaguardia de la fila), pues saben que les falta el agua y el pan; ambos elementos, símbolos de la Palabra de Dios. Movidos por amor fraternal, van a su encuentro transmitiéndoles “La Luz Completa” o las verdades reveladas por el Señor, compartiendo el pan y el agua.

Aquellos que aún no están en el conocimiento pleno de la Verdad, más espiritualmente todavía se encuentran fuertes espiritualmente (las familias que se encuentran en medio de la fila) se juntan a los primeros, porque ya reconocieron el Evangelio en su plenitud, y todos ellos forman un solo grupo, que en conjunto clama a Dios para que el Padre los encamine a un lugar donde haya un manantial de agua.

Jesus ya había profetizado estos días de dificultad, en los cuales hasta los escogidos serian seriamente probados. Dice el Señor: “Y si aquellos días no fuesen abreviados, ninguna carne se salvaría; más por causa de los escogidos serán abreviados aquellos días.” (Mateus 24:22)

Dios no solo oye la oración colectiva de Su pueblo, como El mismo hace un milagro. Sin retirar Sus siervos del lugar donde se encontraban, el Señor hace surgir una roca de la cual sale agua cristalina que sacia a todos. Esta agua es también un poderoso alimento para el cuerpo, pues todos se sienten revigorizados físicamente y sienten que sus enfermedades también fueron curadas.

El apóstol Pablo recuerda un acontecimiento semejante, cuando el pueblo judío clamó a Dios, pues también tuvieron sed en su caminar en el desierto. A la altura, por la intercesión de Moisés, el pueblo judío fue saciado por el agua que brotó de la roca (Éxodo 17:1-7); más Pablo nos esclareció sobre el sentido espiritual de este acontecimiento. “Y todos comieron de un mismo manjar espiritual. Y bebieron todos de una misma bebida espiritual, porque bebían de la piedra espiritual que los seguía; y la piedra era Cristo.” (I Coríntios 10:3-4)

 En la revelación que nos fue transmitida, todo el pueblo de Dios está unido y se alimenta de un mismo manjar espiritual, y de esa forma prosiguen el camino, alcanzando el fin del recorrido. Al final de la carrera nos espera a todos una Nueva Tierra, preparada por el Señor y La Nueva Jerusalén será una realidad eterna.

Nuestro Padre aún nos habló sobre este acontecimiento, usando otras palabras: Y traeré nuevamente aquellas palmeras (iglesias o familias), todas ellas ligadas en una sola raíz (una sola doctrina), todas ellas en una sola raíz, todas ellas en una sola raíz (esta cita hecha por el Señor tres veces, pode representar tres períodos de tiempo); y dejare quedar por un tiempo de otro segundo día. Y cuando llegue casi el término de la parte del segundo día, ahí sí: Yo mismo vendré a buscarla y ya ella estará preparada y ya la otra en el mismo lugar.

No habrá más aquel riego dado por el hombre (no más la iglesia será orientada por el hombre, interpretando la Palabra de Dios por el entendimiento mundano); no habrá más palmera (la iglesia como institución cristiana no más será precisa), no habrá más palmeras (muchas iglesias diversificadas según su rito no existirán más).

Um solo trabajo en la Tierra, una sola mano en la Tierra (um solo rebaño y un solo Pastor – Juan 10:16) y una sola mano de trabajo en el Cielo y encima de los cielos (este es el culminar de todo, un Nuevo Cielo y una Nueva Tierra – Apocalipsis 21:1).”

De la misma forma como en la visión, surgió un tiempo en que parte de los caminantesdejó de poder alimentarse convenientemente; los días de hoy son muy semejantes; cada uno de nosotros debe estar atento para identificar este tiempo, pues el Señor nos alerta para que redoblemos de atención. Debemos despertar nuestros sentidos espirituales, de modo que tengamos un discernimiento claro sin parcialidad. Es dicho por el Señor: Estad atentos, porque cuando Mi pueblo oiga hablar de los frutos que tienen su agua dulce a secar (cuando la Palabra de Dios estuviere por demás adulterada por los falsos profetas), es llegado el tiempo de todo cuanto fue dicho en este lugar.”

El tercer cuadro profético resume la realidad presentada en los cuadros anteriores; el árbol grande que no envejece o la palmera, símbolos de la iglesia visible, son ahora presentadas por otro símbolo profético – un templo en forma de pirámide, representativo de todo el sistema religioso en la faz de la Tierra.

Este templo-pirámide es construido con dos tipos de piedra de mármol, una tiene color de bronce y la otra tiene color de cobre pulido. El mármol como símbolo espiritual significa el conocimiento humano, demostrado por la sabiduría aparente; el bronce significa el conocimiento natural, o la comprensión humana de las cosas espirituales, y el cobre pulido significa la búsqueda del hombre natural (en este caso lo religioso) en aparentar poder (el oro, sustituido por el cobre pulido). La Escritura nos relata un acontecimiento, del cual podremos tomar enseñanza espiritual. Cuando Israel pasaba por una grave crisis política y religiosa, tras la muerte del rey Salomón que llevó a la división del reino, el hijo de Salom, Roboam, quedó como gobernante del reino de Judá (englobando las tribus de Judá y Benjamín y la capital en Jerusalén con su templo), y el esclavo Jeroboam reinó sobre Israel (englobando las restantes tribus, teniendo su lugar de adoración en Betel).

Con dificultades financieras, más al mismo tiempo deseando mantener la apariencia del poder de Salomón su padre, Roboam derritió los escudos de oro de sus soldados, usándolo en beneficio del reino y substituyendo estos escudos, por otros, de cobre pulido, para aparentar el color de oro: “… También tomó todos los escudos de oro que Salomón había hecho. Y en lugar de ellos, hizo el rey Reboam escudos de cobre …” (I Reyes 14:26-27)

Siendo este templo-piramide obra de los hombres, por tanto una imitación del espiritual, aun asi el Señor permite que el continue existiendo en la faz de la Tierra; pues en este templo idólatra todavía se encuentra una única puerta cuadrangular, símbolo del testimonio verdadero, mostrando que esta iglesia aún no niega el Evangelio, aunque falsificando Su doctrina, perjudicando todos aquellos que honestamente andan en busca de la Verdad.

Aún así, el Señor nos muestra que Jesus puede ser hallado; no dentro del templo-pirámide, si no fuera; pues encontramos el cordero de color rojo (símbolo del Seçñor Jesus y de Su Sacrificio) en la puerta de este templo.

Estando el Señor en el exterior del templo (el cordero está en el lado fuera del templo), todos aquellos que intentan entrar son obligados a mirar al Señor que los llama luego en su entrada; pues la identificación de un templo dedicado al Señor debe luego en la partida despertar interés en aquellos que verdaderamente buscan la verdad. Es dicho en el libro de la Revelación: “He aquí que yo estoy en la puerta y llamo: Si alguien oye mi mi voz, y abre la puerta, entraré en su casa, y con él comeré, y el conmigo.” (Apocalipsis 3:20)

El Señor no está dentro de templos hechos por el hombre, más si en el corazón de todos que Lo reciben como Padre, como Salvador y como Señor de sus vidas. El Señor ama verdaderamente a estos que Le buscan, viviendo día a día Su palabra: “Aquel que tiene mis mandamientos y los guarda ese es el que me ama; y aquel que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré, y me manifestaré a el (…) Si alguien me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos para él, y haremos morada en él.” (Juan 14:21,23)

 Los templos construidos por el hombre no son el lugar de habitar del Senhor, más si el propio hombre santificado por El: “¿No sabéis por ventura, que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros, que recibisteis de Dios, y que no os pertenece a vosotros mismos?” (I Corintios 6:19)

Los ídolos del interior de este templo-pirámide son el propio hombre endiosado. El Señor Jesus identifica de forma clara este tipo de idolatría narcisista, cuando desenmascara los líderes religiosos de Su época, diciendo: “Yo no recibo gloria de los hombres; más bien os conozco, que no tenéis en vosotros el amor de Dios. Yo vi en nombre de mi Padre, y no me aceptáis; si otro viniere en su propio nombre, a ese aceptaríais. ¿Como podéis vosotros creer, recibiendo honra unos de los otros, y no buscando la honra que viene solo de Dios?” (Juan 5:41-44)

Analizamos ahora el gran círculo alrededor de este templo-pirámide y que no toca en su estructura. Este círculo exterior al templo-pirámide apunta a una realidad – el hombre puede ser salvo, sin necesitar de estructuras religiosas. Por esta razón, el león rojo se desplaza en plena libertad, andando sobre este círculo que parece un patio. El león representa el Señor Jesus que es el León de la tribu de Judá, mas también el Cordero de Dios que vertió Su sangre para remisión del pecado del hombre (Génesis 49:9; Apocalipsis 5:5; I Juan 1:7).

Los dos ángeles surgen en esta revelación, como otrora otros dos ángeles estuvieron presentes en ocasiones especiales ligadas al ministerio terrenal de Jesus. Fueron siempre dos ángeles que testimoniaron a los hombres los grandes acontecimientos del Señor. El primer acontecimiento fue cuando Jesus resucitó; fueron dos ángeles que anunciar a los Suyos que El ya no se encontraba en el sepulcro (Lucas 24:1-6); el segundo acontecimiento se dio cuando Jesus ascendió al Cielo en la presencia de muchos testimonios y de Sus discípulos. En esa altura fueron también dos ángeles que anunciaron a todos que el Señor volvería del Cielo, como para el Cielo lo habían visto subir. (Hechos 1:10-11)

La Escritura confirma la necesidad de por lo menos dos testimonios para confirmación de toda la verdad (Deuteronomio 17:6); y el propio Jesus confirmó esta máxima, cuando dice: “… para que por la boca de dos o tres testimonios toda la palabra sea confirmada” (Mateo 18:16)

También en el libro de la Revelación encontramos la mención de dos testimonios: “Y daré poder a mis dos testimonios, y profetizarán por mil doscientos y sesenta días, vestidas de tela áspera.” (Apocalipsis 11:3)

Era necesario que del Cielo fuesen enviados dos ángeles, para testimoniar el gran hecho del Señor Jesus que es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y que también es el León de la tribu de Judá, Poderoso para destronar todo el poderío humano, sea el político, económico o religioso.

Ahora el Cordero, el León y los dos ángeles, entran en el templo-pirámide, efectuando su limpieza y su juicio final; cuando salen de su interior, toda esta estructura edificada por el hombre es completamente destruida y desaparece, como si fuese volatilizada: “Cayó, cayó la gran Babilonia (…) luz de candela que no más lucirá en ti (…) porque todas las naciones fueron engañadas por tus hechicerías” (Apocalipsis 18:2,23)

Enseguida es mostrado por el Señor, a través de visión, como va a darse estos acontecimientos que por su grandeza engloba todo nuestro planeta y también todo el Universo, pues el Dia del Señor va a ser un acontecimiento cósmico.

En la visión, el siervo profeta contempla el globo terrestre como si este fuese un gran patio horizontal. Sobre este patio existía un templo en forma de una torre inclinada. Un hombre aseguraba esta torre para que ella no cayese; más entre este hombre y la torre inclinada estaba una mitra (usada por los papas y altos dignitarios eclesiásticos), firme en el suelo. De repente el patio se inclinó para la izquierda y la torre comenzó a deslizarse, empujando al hombre, y ambos, la torre y el hombre, cayeron en el abismo; más la mitra papal continuó firme en el suelo sin moverse.

Estando el patio aun inclinado para la izquierda con la mitra firme en el suelo, surge el Señor en la figura de un Hombre, colocándose en el extremo derecho del patio que se encontraba elevado. Cuando el Señor posó Sus pies en la punta derecha del patio (representando toda la Tierra) este volvió a la posición horizontal.

En ese momento se oye una voz decir: “El Señor hizo el declive en la Tierra; y cuando vio Se colocó en el extremo de la Tierra, en el lugar a la derecha y niveló la Tierra horizontalmente.”

 Estando la Tierra ya nivelada, aún con la mitra firme en el suelo, mas ya sin la torre y el hombre que la aseguraba, se oyó de nuevo la voz del Señor: “El Dia del Señor está llegando y arde como horno.”

Cuando el profeta oyó estas últimas palabras del Señor, vio una suntuosa catedral de formato rectangular subir para lo Alto, desligandose del suelo. En cuanto esta catedral subía lentamente, podía verse el lugar donde antes había estado; en ese lugar quedó un rectángulo arrugado en el suelo, mostrando rigorosamente las medidas de los cimientos de la catedral que había subido. Estos cimientos quedaron de tal forma arrugados que era imposible cubrirlo; pues es deseo del Señor que el mismo quede como testimonio venidero mostrando a las generaciones futuras el lugar donde se encontraba La Gran Babilonia – la Iglesia de Roma.

 Esta revelación describe de forma clara el desarrollo del plan del Padre para acabar con el sistema religioso inventado por los hombres para adorar a Dios.

Este sistema está ramificado en todo el planeta y tiene su sede en el Vaticano. Es el único sistema religioso en la faz de la Tierra que tiene un “rey” que es reconocido por las naciones como cualquier jefe de estado. 

Este reino (Estado del Vaticano) mantiene la pompa del antiguo imperio romano, y su “rey” (el Papa) ostenta como corona una mitra (y también una tiara) heredada de la antigua religión babilónica, conforme atestiguan documentos y diversos artefactos arqueológicos.

Tal como los antiguos sacerdotes paganos de Babilonia, este clero y su jefe ostentan también estas tiaras y las vestiduras suntuosas como demonstración del poder religioso. El libro de la Revelación, escrito antes del surgimiento de esta Babel, dic sobre su pompa: “Y la mujer estaba vestida de púrpura y de escarlata, y adornada con oro, y piedras preciosas y perlas; y tenía en su mano un cáliz de oro lleno de las abominaciones y de la inmundicia de su prostitución; y en su cabeza estaba escrito el nombre: Misterio, la gran Babilonia, la madre de las prostituciones y abominaciones de la tierra.” (Apocalipsis 17:4-5)

Pasamos a analizar los últimos cuatro cuadros proféticos de este capítulo:

El primer cuadro muestra el sistema religioso en la época actual, representado por una torre inclinada presta a caer; significando que la religión se está desmoronando, ahora el liderazgo religioso procure a todo costa reverter este proceso (el hombre asegura la torre con sus manos). La mitra colocada sobre el suelo, al revés de estar sobre la cabeza del jefe religioso, muestra que ya nadie, en los días de hoy, respeta este personaje ni acata su autoridad como otrora.

El segundo cuadro profético revela que el Señor va a abalar los fundamentos de la Tierra, haciendo con que este sistema religioso y otros sean empujados de la Tierra y caigan en el abismo. En el libro de la Revelación se dice: “Y el Diablo, que los engañaba, fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde está la bestia y el falso profeta; y de día y de noche serán atormentados para siempre.” (Apocalipsis 20:10)

La mitra que continúa fijada en el suelo y en el mismo lugar, significa que el Señor va a permitir que Roma continúe como local simbólico de Su doctrina; no como un lugar de peregrinación, a ejemplo de los actuales, mas como recuerdo histórico de aquel que fue el lugar onde otrora existió La Gran Babilonia.

El Señor por Su poder, tras haber purgado de la Tierra toda la religiosidad falsa, trajo un ‘Nuevo Templo’, una nueva manera de adoración a El (que no es nueva, pues fue inicialmente revelado por Jesus – Juan 4:21-24).

Para establecer este Nuevo Templo sobre la Tierra, el Señor tendrá de nivelar, dándole la estabilidad necesaria para que surja Su doctrina pura.

El tercer cuadro profético nos muestra la Tierra limpia de todo que es maldad, pues una Nueva Era fue establecida por Dios. Mismo en este Nuevo Tiempo la ciudad de Roma se destaca como símbolo.

El cuarto y último cuadro profético muestra una catedral rectangular siendo elevada a las alturas, permitiendo que toda la humanidad pueda presenciar este acontecimiento (Apocalipsis 18:8-11); más el lugar donde estuvo establecida por milenios quedara como una marca para las generaciones futuras. 

Sobre la importancia de Roma, vamos a citar la respuesta del Señor a la pregunta de Lorber y algunos de sus amigos, cuando cuestionaron al Padre sobre un texto del Evangelio que es controvertido, más que la Iglesia Romana se otorga, para dar suporte a su jerarquía papal (Mateo 16:18-19), justificando que el apóstol Pedro fue el primer Papa. El Señor dice:

“Vendrá tiempo en que Dios será adorado solamente en espíritu y en verdad y no en Jerusalén y ni en el monte Gerizim. Entonces leed la Escritura (Juan 4:20-24). De acuerdo con ella es el Espíritu de la verdad, el reconocimiento, la fe, la confianza y el verdadero amor a Dios y al prójimo, que existe en el corazón de cada uno; la única y verdadera Roca y la verdadera y viva iglesia por Mi construida sobre ella (Mateo 16:18); la única iglesia que podrá oponerse al inferno por toda la eternidad. Todo el resto es obra de los hombres, no tiene ningún valor y no consigue proteger a nadie ni nada del infierno, si la verdadera y viva iglesia no estuviere presente en cada persona.

Entonces se presenta la pregunta: ¿Cual entre todas las iglesias visibles y materiales que usan Mi nombre es la verdadera? La respuesta, la eterna respuesta es: Ninguna.

Solo la iglesia en el corazón, la iglesia que Yo hice, es la verdadera y que está a salvo del inferno por toda la eternidad. El resto fue imaginado y realizado por el mundo y le pertenece; para Mí no tiene valor alguno. Consecuentemente, las llaves que llevan a Mi Reino (Mateus 16:19) se encuentran solamente en esta iglesia viva, jamás en una iglesia o congregación religiosa, o junto a Mis ‘dignos representantes’.

Aquello que alguien juntase o entonces separase en su iglesia viva, aunque que sea aquí en la Tierra, en cuanto materialmente vivo, esto será considerado junto o separado também en el Cielo, pues esta verdadera iglesia ya es del Cielo. Para ser más claro: Todo que alguien realizare en esta su Iglesia de Amor será realizado en el Cielo por todas las eternidades. Estas también son las verdaderas llaves del reino celestial, pues vosotros Me reconocéis como vuestro Padre y Dios y Me amas por encima de todo, y a vuestras hermanas y hermanos como a vosotros mismos.

Aconteciendo esto con vosotros, entonces tendréis Pedro, la verdadera iglesia totalmente construida y las llaves que llevan al Reino del Cielo. Todo más allá de esto es nulo. Entended esto bien y vivir de acuerdo. Amén.” (Suplementos – revelación dada al profeta Jakob Lorber el 25-05-1847)

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