– XX –

Comenzamos por referirnos a una experiencia del profeta, a la cual el Señor nos dice estar relacionada con las revelaciones que serán transmitidas en este capítulo.

El profeta viene sintiendo ummal estar físico que creemos ser permitido por el Señor. Ambos siervos (profeta y “escriba”) oraron al Señor, Pidiéndole para esclarecer sobre el dolor extraño que Su siervo está sufriendo.

El Señor respondió: “Le quitaré al fin de siete días el dolor que tienes en tus miembros, para que te recuerdes de estos siete días. Yo te voy a mostrar una cosa de Mi marca, así como Me la dejaron en la cruz, para que hoy se acuerden de Mi.”

Realmente, a lo largo de estos siete días fueron muchas las revelaciones del Señor, mostrando pormenores diversos de Su obra.

Comenzamos por el registro de algunas de esas revelaciones, dejando para el final la transcripción del dictado del Señor.

En visión, el profeta vio un navío de pasajeros en el alto mar. Los pasajeros de este navío eran de dos clases sociales: unos eran ricos y poderosos, otros eran gente pobre y necesitada.

El navío navegaba en aguas tranquilas y nada hacia prever cualquier catástrofe inminente. De repente una parte de las personas ricas comenzó a ocupar los barcos salvavidas que existían del lado izquierdo del navío; las personas pobres se extrañaron de la actitud de los ricos, refugiándose dentro de los barcos salvavidas, y dijeron: “No sabemos porque esta gente rica entró en un navío tan grande y espacioso, y ahora se refugia en barcos salvavidas minúsculos y sin condiciones.”

De repente, el navío fue partido en dos, longitudinalmente, desde la proa hasta la popa, por una fuerza poderosa. Cada una de las partes de la embarcación continuó a navegar independientemente de la otra, como si fuesen dos navíos.

La parte izquierda del navío, con los ricos dentro de los salvavidas, fue a anclar en una isla paradisíaca. Cuando los ricos desembarcaron, vieron que los habitantes de la isla vivían continuamente en fiesta. Los ricos gustaban de este lugar y de inmediato se juntaron a sus habitantes.

La parte derecha del navío, cuyos pasajeros eran pobres, tomó la dirección contraria y fue a anclar en una isla deshabitada y sin vegetación.

Los pasajeros pobres se sintieron tristes, más mirando para el Cielo vieron surgir una enorme águila que poseía un pico con una bolsa (semejante al pico de un pelicano) que traía algo en su interior. El águila voló sobre la población necesitada y se posó en la tierra. Del interior de la bolsa del pico del águila salieron millares de codornices que volaban muy bajo, permitiendo a las personas cogerlas con las manos.

Estas personas hambrientas cogieron las codornices como si fuesen frutos; cada uno comió las codornices vivas, sin cualquier vergüenza.

Después de saciarse, comenzaron a excavar la tierra y descubrieron muchos troncos de árboles. Con estos troncos cada uno hizo para si una balsa; después entrelazaron las balsas unas a las otras y se hicieron al mar.

Las balsas fueron llevadas por la corriente y llegaron a otra isla. En esta isla maravillosa todo era diferente: el agua del mar era luminosa, los árboles, las plantas los frutos y los animales también eran diferentes de todo lo que conocían.

Era este el lugar que el Señor tenía reservado para los pobres y necesitados que fueron salvos del gran navío.

Después el Señor permitió al profeta volver a ver la isla donde habían desembarcado los ricos y poderosos que continuaban en gran fiesta que parecía no tener fin. En cierta altura, todos quedaron embriagados y cayeron al suelo profundamente adormecidos. En el letargo del adormecimiento, nada sabían de lo que pasaba a su alrededor: el Sol abrasador hizo secar las aguas del mar y resecó la carne de sus cuerpos, quedando solamente el esqueleto.

Millares de buitres revoloteaban en lo alto, más ninguno se aproximó a los cuerpos en cuanto estos tenían carne; cuando la carne desapareció y quedó solamente el esqueleto, los buitres se lanzaron sobre los huesos y los trituraban. Nada quedó en aquel lugar que probase que algún día allí existió vida.

Antes de analicemos esta revelación, pedimos al Señor para que nos explique el significado espiritual de las codornices en esta profecía, pues en otros lugares estas aves ya fueron mencionadas y fue dada su interpretación espiritual.

El Señor respondió:

“Todos caminan en el mismo terreno, más importa saber lo que pisan y lo que cazan en el mundo.

Hoy es el día en que el mundo comienza a arrancar la vida de cada habitante de la tierra; y quien despluma no puede comer el cuerpo de la codorniz.

Hoy es el día en que comienza la cuenta, de que todo aquel que desplume la codorniz y la coma sin las plumas no está a ser parte de Mi maná, y morirá en las garras de la gran águila.

Mas todo aquel que habita en este mundo y come de todo que es codorniz, ese será parte de Mi maná en esta tierra y vivirá Conmigo para siempre, y nunca faltará en esta Nueva Tierra que ha de venir; y el alimento de la codorniz será por dádiva de vida sana.

No será por alimento en cuanto fuereis de menor edad. Mas, creciendo, serán por ofrenda de grandeza para Mi pueblo; porque hoy es el día en que comienza Mi gran ofrenda en esta Tierra.”

En esta revelación son explicados diversos cuadros proféticos de la visión anterior.

Así, el gran navío de pasajeros representa nuestro mundo, con las condiciones propicias para que el hombre viva en una sociedad organizada. Las dos clases de personas (ricos y pobres) son los habitantes de este mundo. En el dictado, el Señor dice: Todos caminan en el mismo terreno (en el mismo navío), más importa saber lo que pisan y lo que cazan en este mundo.” Infelizmente nuestro mundo está dividido conforme a los patrones de riqueza. Mas el Señor abomina este tipo de separación, pues es Su deseo que los hombres vivan en unión fraterna y que nadie pase necesidades.

Los llamados países desarrollados están pasando la última crisis de su existencia; pues la pobreza está aumentando y los gobiernos de las naciones ya no controlan los sistemas que idealizaron y sobrecargaron los pueblos con pesados tributos para pagar sus desvaríos. La brecha entre ricos y pobres aumenta y la anarquía social comienza a implantarse.

Previendo esta situación, por la posición privilegiada que tienen, los ricos recogen su oro y se refugian en sus feudos protegidos (los salvavidas). En cuanto a eso, los más pobres están desapercibidos y no entienden nada sobre el sistema financiero complejo que los subyuga.

Hoy es el día en que el mundo comienza a despertar la vida de cada habitante de la tierra; y quien despierta no puede comer el cuerpo de la codorniz.” Según esta revelación del Señor, aquellos que están extorsionando a los pobres no pueden beneficiarse de La Nueva Revelación Viva del Señor (la codorniz como alimento), pues esta, como doctrina del Señor, es contraria a sus actitudes pecaminosas.

En el navío de pasajeros, a cierta altura, hubo separación entre ricos y pobres. El Señor va a tratar específicamente con cada una de estas clases de hombres, como es dicho: Hoy es el día en que comienza el conteo …”.

Los ricos, refugiados en sus barcos salvavidas, no quieren saber de las cosas espirituales, pues su deseo es únicamente direccionado para la riqueza, el poder y los placeres mundanos.

Porque estos ricos y poderosos rechazan la verdad del Evangelio, es dicho ahora por el Señor: “… todo aquel que desplume la codorniz y a comer sin plumas no está a hacer parte de Mi maná, y morirá en las garras de la gran águila.” Aquellos que rechazaren la Verdad morirán por su propia condenación, como dice la Escritura: “Y la condenación es esta: que la luz vino al mundo (La Nueva Revelación Viva, el Evangelio, representados por la codorniz que no puede ser desplumada), y los hombres amaran más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran más.” (Juan 3:19)

 Estos ricos prosiguen su camino, olvidando el sufrimiento de los pobres que también siguen su ruta de prueba delante del Señor.

Los ricos van a arribar a una isla de alegría y bienestar; más sus corazones entenebrecidos no perciben que están cavando su propia sepultura, como dice la Escritura: “Así pues ahora vosotros, ricos, llorad y lamentad, por vuestras miserias, que sobre vosotros ha de venir. Vuestras riquezas están podridas, y vuestros vestidos están comidos de polilla.” (Santiago 5:1-2)

Según la revelación del Señor, la humanidad todavía va a gozar de un cierto orden y estabilidad, y los ricos y poderosos van a mantener su bienestar por algún tiempo (parte del navío va a arribar en una isla de constante fiesta).

Al revés, los pobres van a sufrir muchas dificultades y necesidades (parte del navío va a arribar a una isla aparentemente estéril); más el Señor quiere enseñarlos a mirar para lo Alto, experimentando en sus vidas lo que dice la Escritura: “Yo soy pobre y necesitado, más el Señor cuida de mí. Tu eres mi auxilio y mi libertador; no te detengas, mi Dios.” (Salmo 40:17)

En el cuadro profético descrito en la visión, ellos miran para el Cielo y ven la gran águila que trae en su pico algo nuevo. Es la Palabra Viva que alimenta cual maná, y transmite confianza en Dios.

El libro de la Revelación profetiza gran sufrimiento sobre la Tierra, en la época del fin: “Vi también y oí un águila que volaba en lo más alto cielo, diciendo en alta voz: ¡Ay! Ay de los habitantes de la tierra por causa de los últimos sonidos de las trompetas que los tres ángeles han de tocar.” (Apocalipsis 8:13). Mas en la revelación de hoy se hace distinción entre los hombres. Algunos son protegidos por el Señor en medio de las calamidades y son alimentados por Su palabra: Mas todo aquel que habita en este mundo y come de todo que es codorniz (La Nueva Revelación Viva que viene del Señor), ese tendrá parte de Mi maná en esta tierra y vivirá Conmigo para siempre, y nunca faltará en esta Nueva Tierra que ha de venir; y el alimento de la codorniz será por dádiva de vida sana.”

Para todos los pobres y necesitados llegó la hora de experimentar la victoria total sobre el pecado y la desconfianza. Todos saben ahora que el Padre está con ellos; pues se saciaron en Su Verbo (las codornices vivas que todos comen) y son a ellos revelados los secretos de la Creación de Dios, bien como la doctrina pura del Evangelio, proclamada por Jesus cuando ministraba en esta tierra. Llegó la hora de cumplirse lo que está escrito: “Y me llevó en espíritu a un gran y alto monte, y me mostró la gran ciudad, la santa Jerusalén, que de Dios descendía del cielo.” (Apocalipsis 21:9)

Podemos desde ya vivir en esta santa ciudad, pues La Nueva Jerusalén no es más que la Doctrina pura del Señor.

Ahora comprendemos que todos aquellos que fueron sujetos a grandes pruebas de fe, para volverse verdaderos hijos de Dios, puedan habitar La Nueva Tierra y el Nuevo Cielo. Todos estos son adultos espiritualmente y están en condiciones de ayudar a los más débiles en la fe. El apóstol Pablo, previendo los días de La Nueva Revelación Viva, dice: “Mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte será aniquilado. Cuando yo era pequeño, hablaba como pequeño, sentía como pequeño, discurría como pequeño, mas, luego que llegue a ser hombre, acabe con las cosas de pequeño. Porque ahora vemos por espejo en enigma, más entones veremos cara a cara; ahora conozco en parte, más entonces conoceré como también soy conocido.” (I Corintios 13:10-12)

Antes, teníamos la Palabra de Dios encubierta. Mas hoy, por las revelaciones transmitidas a muchos profetas, y particularmente a través de El Gran Evangelio de Juan revelado a Jakob Lorber, vemos todos los secretos de Dios desvelados, mostrando al hombre el Camino para El. El Señor identificó estas revelaciones como La Luz completa.

En la revelación que estamos a analizar, es dicho por el Señor:” No será alimento en cuanto fuereis de menor edad …”.

Cuando el hombre (en este caso el pobre y necesitado) deje su orgullo espiritual y volviese con el corazón contrito para el Señor, creciendo espiritualmente, dejando la minoría de edad, le serán revelados los secretos de Dios: Mas, creciendo, serán por ofrenda de grandeza para Mi pueblo; porque hoy es el día en que comienza Mi gran ofrenda en esta Tierra.”

Una vez, este alimento fue experimentado por el pueblo de Israel en su recorrido en el desierto, el camino de la Tierra Prometida. A su petición, el Senhor los sació con codornices (Números 11:31-32). Mas tarde el salmista alabó a Dios, recordando este acontecimiento: “Oraron, y el hizo venir codornices, y les sació con pan del cielo (el maná).” (Salmo 105:40)

Cuando los pobres y necesitados se saciaron con el alimento venido del Cielo (las codornices vivas, traídas por el águila) y comenzaron a excavar la tierra, que antes les parecía estéril, luego hallaron lo necesario para comenzar el gran viaje para la Nueva Tierra (los troncos de madera con los cuales hicieron sus balsas). Los troncos de madera representan la revelación de Dios que estimula la fe y la obediencia a Su palabra. Esta revelación estaba enterrada, más ahora fue hallada y va a servirles para construir su medio de salvación, como aconteció con el patriarca Noé en la antigüedad: Haz para ti un arca de madera de Gofer (madera de ciprés) …” (Génesis 6:14)

Con estas balsas – cuales arcas salvadoras – todos pueden iniciar el camino de la fe, confiando únicamente en el Señor. No existe timón en estas balsas, ni tampoco existía otrora en el arca que el Señor mandó a Noé construir. Será nuestro Padre a encaminar las balsas a su puerto seguro – la Nueva Tierra hace mucho prometido a los siervos fieles; tal como aconteció con Noé que vio su arca posarse sobre la tierra seca y purificada. (Génesis 8:13-19)

En la revelación, vemos como los necesitados fueron premiados en su fe en el Señor. Cuando entraron en la Nueva Tierra, todo era nuevo y todo era bello como solo el Señor puede hacer. Dice la Escritura: “Las cosas que el ojo no vio, y el oído no oyó, y no subieron al corazón del hombre, son las que Dios preparó para los que le aman. Mas Dios nos las reveló por su Espíritu; porque el Espíritu penetra en todas las cosas, así como las profundidades de Dios.” (I Coríntios 2:9-10)

Este mismo Espíritu permitió al profeta observar a continuación el lugar donde se encontraban los ricos y poderosos; y el vio todos ellos, completamente embrutecidos y ajenos a las cosas espirituales, inmersos en sus orgias de materialismo y bienestar mundano. La escena que el profeta observó fue terrible: vio los ricos y poderosos embriagados, cayendo en el suelo, totalmente adormecidos. De este sueño mortal, ninguno de ellos despertará para la vida eterna con Dios, al revés, el Sol abrasador comenzó por evaporar toda el agua del mar circundante, después secando la carne de todos, dejando que solamente el esqueleto quedase como testimonio de sus vidas sin préstamo.

Las aves necrófilas no descendieron sobre los cadáveres en cuanto ellos tuviesen carne; solamente después que surgió el esqueleto es que se posaron sobre ellos, y con ansia trituraron todos los huesos, engulléndolos a continuación, pues nuestra carne, según la Escritura es algo repugnante que mancha todo lo que toca: “… aborreciendo hasta la ropa manchada de carne.” (Judas 23)

Después de esta limpieza efectuada por los buitres, toda aquella tierra quedó purificada, y nada fue visto en el lugar que recordase el pasado; todo estaba limpio.

La Escritura profetiza sobre los ricos y poderosos del mundo:

“Vuestro oro y vuestra plata se oxidaron, y su oxido dará testimonio contra vosotros: Devorará vuestra carne como fuego. ¡Atesorasteis en los últimos días! El salario de los trabajadores, que segaron vuestros campos, fue estafado por vosotros, y claman; y los clamores de los segadores llegaron a los oídos del Señor de los Ejércitos. Viviste en la tierra rodeados de placeres y de delicias; cebasteis vuestros corazones para el día de la matanza. Condenaste y mataste al justo, y él no os resistió.” (Santiago 5:3-6)

El Señor dictó además las palabras que a continuación registramos. En estas palabras, un profeta narra su visión y dice que otro profeta (aquí, un mensajero de Satanás) también tuvo una visión y viene a su encuentro para relatarla.

“Vino a mí una visión. ¿Mas que veo yo?

Veo otro hombre que tiene una visión. Y la visión que él tuvo viene a mi encuentro, y él se aproxima a mí con su visión; y mi visión va al encuentro de él.

En mi visión, veía yo un lugar muy blanco como la nieve, desde la superficie de la tierra hasta los altos cielos. Esta era mi visión.

Y la visión que él tuvo viene a mi encuentro. Su visión era cubrir el lugar muy blanco con el lugar que el trae de lugar oscuro.

Y veo que un ángel se aproxima a mí y dice:

No te asustes, porque el lugar blanco que tu viste va a entrar en el lugar oscuro. Y sus ojos jamás verán el lugar blanco, porque el quedó ciego por el lugar blanco que entró en sus ojos, y sus ojos quedaron huecos.

Mi pueblo a Mi me ve. Todo aquel que abre sus persianas ve el lugar oscuro, y entrará en ese lugar oscuro y lo destruirá y vencerá.

Porque día y noche serán para siempre para Mi pueblo, ¡día de claridad! Ese día está llegando. Porque la sombra de lo oscuro ya se separa del cuerpo del alma.”

El Señor dicto al profeta otra revelación, usando el mismo lenguaje, como si un profeta estuviese relatando lo que veía. En revelación anterior, el Señor llamó a este profeta “profeta de la Tierra”. (ver capítulo XVII)

“Veo el lugar del templo de una iglesia que en su interior tiene muchas imágenes y lugares con cajas de limosnas. Y algunas personas colocaban monedas y notas dentro de esas cajas. Mas había personas que nada colocaban de sus ofrendas.

Entonces, los que daban sus limosnas vinieron junto de los que no daban y preguntaron: ¿No tenéis nada para poner en las cajas de nuestras imágenes?

Los otros dijeron: Vinimos a este lugar para decir que en breve será destruido.

Y los de esta casa dijeron: ¿Quiénes son ustedes que traen tal mentira de autoridad?

Los otros dijeron: Si queréis saber, podéis cortar nuestras manos y nuestra lengua.

Y ellos temieron por tal acto.

Entonces ellos dijeron: ¿De dónde viene tanto poder de vuestra parte que nada teméis, ni a la muerte?

Y ellos dijeron: En este lugar en que habitáis, no tendréis parte Conmigo; más en los lugares donde vivareis, en la muerte de vuestro lugar, distante de Mi.

Y en aquel día jamás habrá cajas de limosnas para la corona del hombre y para la mano del trabajo del hombre de las imágenes. Porque a ese, si, serán cortadas sus manos, para no más trabajar en imágenes y no hablar blasfemias, a través de las imágenes, del Gran Creador del Universo.”

Vamos a procurar comprender estas dos profecías colocándolas en paralelo.

Comencemos por las palabras proferidas por el Señor en la primera profecía: En mi visión, veía yo un lugar muy blanco como la nieve, desde la superficie de la tierra hasta los altos cielos. (…) La visión de él era de cubrir el lugar muy blanco con el lugar que el trae de lugar oscuro.” Este lugar blanco como la nieve que todo cubre, ligando la Tierra al Cielo, representa la multitud de los fieles al Señor que viven de acuerdo con Su doctrina, en santidad de vida.

El lugar oscuro representa aquellos que viven en tinieblas espirituales, y el mensajero de Satanás, como si fuera posible, trae ese lugar consigo, procurando subyugar el lugar de Luz.

En la segunda profecía, el lugar blanco como la nieve corresponde al espacio reservado a los creyentes que no depositan sus ofrendas en las cajas de limosnas para el templo idólatra; no alimentan el desconocimiento y la superstición. El lugar oscuro corresponde al templo idólatra y a sus adoradores: Veo el lugar del templo de una iglesia que en su interior tiene muchas imágenes y lugares con cajas de limosnas. Y algunas personas colocaban monedas y notas dentro de esas cajas.”

Es dicho en la primera profecía: No te asustes, porque el lugar blanco que tu viste va a entrar en el lugar escuro.”

Este lugar blanco, ya mencionado, es la doctrina del Señor proclamada a través de La Nueva Revelación Viva, que al ser proclamada y aceptada destruye toda la idolatría y superstición religiosa; más para que el poder de Dios sea manifestado, es necesario que los siervos del Señor tengan osadía en la proclamación de la Verdad.

En la segunda profecía el Señor nos muestra el mensaje que Sus siervos han de proclamar: Vinimos a este lugar para decir que en breve será destruido.” Mas el aviso no es aceptado por los idólatras: “¿Quiénes son ustedes que traen esa mentira de autoridad?”

Los siervos del Señor, portadores de esta profecía anunciando el fin de la Babel religiosa, responden con una alusión al pasado inquisitorial de La Gran Babilonia: Si queréis saber, podéis cortar nuestras manos (impedir trabajar en la divulgación de La Nueva Revelación Viva) y nuestra lengua (callar la voz proclamadora de la Verdad).”

En la primera profecía es mencionada la razón por la cual los “babilónicos” no tienen más poder para impedir la proclamación de la Verdad: Y sus ojos jamás verán el lugar blanco, porque el quedó ciego por el lugar blanco que entró en sus ojos, y sus ojos quedaron huecos.” Los ojos de Satanás y los sentidos espirituales de sus seguidores no ven la Verdad, pues fueron entenebrecidos por las falsas doctrinas, proclamadas por siglos.

En la segunda profecía esta realidad es presentada de la siguiente forma: Entonces ellos dijeron: (los adoradores del templo idólatra): ¿De dónde viene tanto poder de vuestra parte que nada teméis, ni a la muerte?” Los siervos del Señor advierten de nuevo a los seguidores de Babilonia, diciendo: En este lugar en que habitáis, no tendréis parte Conmigo;”

Esta advertencia ya fue hecha por el Señor en el libro de la Revelación, recordando a los seguidores de La Gran Babilonia el peligro de permanecer en aquel sistema religioso: “Salid de allí pueblo mío, para que no seas participante de sus pecados, y para que no incurran en sus plagas.” (Apocalipsis 18:4)

En la primera profecía el Señor dice que Sus siervos están siempre en Su presencia oyendo Su revelación; por esa razón, reconocen fácilmente el error existente en las diversas religiones del mundo: Mi pueblo a Mi me ve. Todo aquel que abre sus persianas ve el lugar oscuro …”

En la segunda profecía, los siervos del Señor dicen a los seguidores de Babel que, si persistieren en su error, serán encaminados en la eternidad para un lugar apartado del Señor: “… en los lugares donde viviréis, en la muerte de vuestro lugar, distante de Mi …”

En la primera profecía se declara que en breve la Verdad llegará a todos los lugares de la tierra donde ha imperado la mentira, y así, la materia (la carne y sus apetitos) será definitivamente vencida por el Espíritu Santo que todo vivifica: “… y entrará en ese lugar oscuro y lo destruirá y vencerá. Porque el día y la noche serán para siempre para Mi pueblo, día de claridad.”

La segunda profecía también proclama la victoria plena de la Luz del Señor sobre las tinieblas de Satanás: Y en aquel día jamás habrá cajas de limosnas para la corona del hombre y para la mano del trabajo del hombre de las imágenes.”

La primera profecía termina, proclamando la supremacía de la Verdad del Señor sobre toda la falsedad de Satanás. Con el amanecer de la Luz del Cielo es desenmascarada definitivamente toda la idolatría y toda la superstición: “… ¡día de claridad! Ese día está llegando. Porque la sombra de la oscuridad ya se separa del cuerpo del alma.”

La segunda profecía termina, mostrando que el Creador nunca podrá ser comparado a ninguna imagen de escultura. Los hacedores de estas imágenes de idolatría no más trabajarán en su oficio: “… para no más trabajar en imágenes y no hablar blasfemias, a través de las imágenes, del Gran Criador del Universo.”

En el libro de la Revelación, el anuncio de la victoria completa sobre La Gran Babilonia es expresado en las siguientes palabras: “Y la luz de candela no más lucirá en ti, y la voz del esposo y de la esposa (la Verdad del Señor, anunciada por esta iglesia) no más en ti se oirá; porque tus mercaderes (aquellos que hacían acuerdos con la Gran Babilonia) eran los grandes de la tierra; porque todas las naciones fueron engañadas por tus hechicerías. Y en ella (La Gran Babilonia) se halló la sangre de los profetas, y de los santos, y de todos los que fueron muertos en la tierra.” (Apocalipsis 18:23-24)

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