– XVII –

Iniciamos con el dictado del Señor respecto a este capítulo:

“Y vi yo una grande plaga que estaba para venir a la Tierra, mas no entendí lo que era; pues vi muchos millares de cosas parecidas con botones que tenían espinas.

Esta plaga es tan grande que ni el Sol hace derretir esta gran plaga; y la plaga habló diciendo: No hay fuego que pueda apagar este fuego.

Aconteció entonces que una gran lucha se atrapó en los aires, por causa de los dos fuegos; y uno de los fuegos salió vencedor, y por causa del vencedor se hizo gran ira en los mares; y uno de los mares salió vencedor.

Se dio también gran ira en los ríos, y un solo rio salió vencedor; este rio hizo lucha en el mar, y el rio salió vencedor. Entonces el rio se unió al fuego y vino a la Tierra, matando lo que era fuego inmundo, lo que era mar maldito y lo que era rio inmundo.

Pero vi yo que todas las especies de enjambres fueron quemadas por el fuego.

Las codornices serán cogidas para alimento de los supervivientes que se encuentran a la vera del rio, y mis ojos ya están cansados de ver todo lo que venía de Arriba, sabiendo yo que todo era del Altísimo.

Vi entonces que descendían del Cielo muchas aguas multicolores, separadas unas de las otras y todas ellas se querían tocar; mas no había unión posible.

Vi entonces un gran canal de agua cristalina descendiendo junto a las otras aguas y no sabía yo todavía que aguas eran estas; más las aguas cristalinas, yo sabia. Estas aguas cristalinas juntaronse a las aguas multicolores, formando algo maravilloso que vi en los aires.

Cuando estas aguas tocaron en la Tierra, se vio en ese lugar belleza como nunca antes había sido vista y un gran jardín nació.

Este jardín nació con muchas flores multicolores que hablaban unas con las otras, y en la tierra se multiplicaban sus raíces fuertes, y estas raíces descendían un poco bajo de la tierra y traían más y más flores; y era grande la multiplicación, siendo las flores regadas con las aguas multicolores.”

Cuando el profeta oía al Señor hablar de “millares de cosas parecidas con botones que tenían espinos”, vio descender del Cielo en visión estos botones, que eran millares de círculos negros y grises. Estos círculos tenían cuatro huecos en el centro y median cerca de dos centímetros, siendo circundados por picos. Los botones rodaban sobre si y se cernían sobre la faz de la Tierra; parecía una nube oscura que se movía en el aire.

Antes que pasemos al discernimiento del dictado, colocamos al Señor tres cuestiones:

La primera fue: ¿Quién es la persona que representa el dictado y es designada como “Yo”? Entendemos no pueda ser el Señor, pues existen frases que demuestran desconocimiento y eso nunca acontecería con nuestro Padre, pues a El nada le es oculto. Estas son las frases que motivaron nuestra pregunta: “… más yo no entendí lo que era …” y “… y no sabía yo todavía que aguas eran estas…”.

El Señor nos lo esclareció, diciendo que el narrador es el profeta de la Tierra:

“Es el profeta que está en la Tierra y que está ligado a Mi obra.

Desde el principio de todas las cosas Yo labré toda vuestra tierra, para que en el tiempo de toda la profecía Mi profeta ande ligado a Mi obra hasta que Yo venga.

En el inicio era la tierra fértil, tierra bendecida; hoy es tierra maldita – de tal manera que Mi iglesia no tiene oídos para Mi obra profética.”

La segunda cuestión que colocamos al Señor fue sobre el significado de los “botones”. El Padre respondió:

“Por Mi causa, Mi pueblo muere y sufre por Mi.

Por Mi causa, Yo envié a la Tierra y debajo de la tierra esta plaga que irá despedazar todos los que no Me pertenecen.”

La tercera cuestión fue también esclarecida por nuestro Padre que dice:

“En aquel día será visto un techo de nubes blancas, y encima de las nubes está un nuevo rio de aguas cristalinas; y lloverán en ese día aguas multicolores y cristalinas que regarán toda la Nueva Tierra.”

Fueron dadas al siervo profeta dos visiones más.

En la primera era visto un sitio desierto que parecía estar abandonado hace siglos. En ese lugar desierto existía una gran cruz de madera con espinos clavados en el lugar donde una otrora había apoyado la cabeza del Crucificado (entendemos ser el Señor Jesus). Aunque esta cruz estuviese en este lugar hace siglos, se encontraba en perfecto estado de conservación.

En la segunda visión el profeta vio un lago circular de aguas cristalinas. Este lago estaba cercado por un arco de sangre; más la sangre no se mezclaba con el agua del lago. Después el arco de sangre subió al Cielo, sin dejar caer en la tierra ninguna gola. Al mismo tiempo descendían del Cielo dos círculos luminosos en paralelo; estos círculos comenzaron a aproximarse uno al otro. Después el primer círculo se introdujo en el segundo círculo en posición vertical y ambos entraron dentro del círculo de sangre que cercó el lago de aguas cristalinas.

En la primera visión nos es mostrado que el sacrificio de Jesus en la cruz del Calvario es actual (la cruz no envejece); más todavía hoy la humanidad maltrata al Senhor con sus pecados (en la cruz todavía se ven espinos pegados a la madera). Se cumplen las palabras del profeta Isaías que dice: “¿Quién dio crédito a nuestra predicación? ¿Y a quien se manifestó el brazo del Señor? Porque fue subiendo como renuevo delante de él, y como raíz de una tierra seca; no tenía apariencia ni hermosura; y, mirando nosotros para el (para Jesus), ninguna belleza veíamos, para que lo deseásemos.” (Isaías 53:1-2)

La segunda visión presentanos un lago de aguas cristalinas, representando la Palabra de Dios; más esta Palabra solo puede ser apropiada por aquel que verdaderamente acepte el sacrificio de Cristo; el lago está circundado por un círculo de sangre, apuntando proféticamente para la Sangre vertida por Jesus, Hombre, en el madero donde fue crucificado. Dice el apóstol Pablo: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.” (I Timoteo 2:5)

Está llegando la hora en que este círculo de sangre se elevará a los Cielos, juntándose a los otros dos círculos que descienden de lo Alto y se entrelazan. El círculo de sangre no deja caer ni una gota sobre la Tierra, pues todos los redimidos ya están con su Señor, gozando la bienaventuranza del reposo eterno: “… más la palabra de la predicación nada les aprovechó (aquellos que no se apropiaron de la sangre de Cristo), por cuanto no estaba mezclada con la fe en aquellos que la oían. Porque nosotros (los que se apropiaron del sacrificio de Cristo), los que hemos creído, entramos en el reposo, tal como dice …” (Hebreos 4:2-3)

 Sobre la Terra queda el lago de aguas cristalinas, pues la Palabra de Dios permanece para siempre, como atestigua la Escritura: “El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no han de pasar.” (Mateo 24:35)

Conforme la revelación del Senhor, el dictado correspondiente a este capítulo es la narrativa de una visión dada al “profeta de la Tierra”; pues el espíritu de profecía que es dado a los profetas en todas las generaciones llevanos a proclamar la Verdad de Dios.

Dice la Escritura sobre este poder que es dado a los hombres:

“Porque jamás una profecía fue proferida por la voluntad de los hombres. Inspirados por el Espíritu Santo es que los hombres santos hablaran en nombre de Dios.” (II Pedro 1:21)

Así, iniciamos el análisis del dictado de este capítulo:

Y vi yo una gran plaga que estaba para venir a la Tierra, más yo no entendí lo que era; pues vi muchos millares de cosas parecidas a botones que tenían espinos.” Esta plaga es comparada a la figura vista por el profeta – botones con picos que giraban sobre si mismos. Estos botones sirven para abotonar el hecho de la religión falsa, presos por sus cuatro agujeros, representando el testimonio; más estos botones tienen picos cortantes, por eso el testimonio es destructor y no benéfico.

Continuando, dice el profeta de la Tierra: Esta plaga es tan grande que ni el Sol hace derretir esta gran plaga …”.

Satanás proclamase vencedor con esta plaga, y la compara a un fuego (plaga permitida por el Señor, para testear a los habitantes de la Tierra): Dice Satanás, el autor de la plaga: No hay fuego que pueda apagar este fuego.”

Sabemos por la Escritura que nuestro Dios es un Sol (Salmo 84:11) mas también es un Fuego Consumidor (Hebreos 12:29).

Creemos que esta plaga vendrá sobre la Tierra por permiso del Señor, cumpliendo una función purificadora. La humanidad tiene que despertar para las realidades espirituales, de las cuales está alejada. El materialismo desenfrenado tiene animalizado a las criaturas, embrutecendolas espiritualmente.

Gran lucha espiritual es batallada en los Cielos entre los ángeles de Dios y los demonios; saliendo Dios siempre vencedor pues Él es el Señor de los Ejércitos: Aconteció entonces que una gran lucha se batalló en los aires, por causa de los dos fuegos; y uno de los fuegos salió vencedor, y por causa del vencedor se hizo gran ira en los mares…”. El mar, como ya referimos, representa la religión externa, vuelta para la satisfacción de los sentidos y no del espíritu. Aquí es usado el plural – estos “mares” representan las muchas religiones en la faz de la Tierra.

De entre todas las religiones en lucha, solo una saldrá vencedora.

También habrá lucha entre los ríos: “Se dio también gran ira en los ríos, y un solo rio salió vencedor…” Estos rios representan también la religión, más en los sus internos; o sea, aquellos que están en posesión del Verbo de Dios, la Verdad del Evangelio; todavía se encuentran dispersos, más procuran dar testimonio de la doctrina de Cristo. En la lucha entre los diversos grupos (los diversos ríos), solo uno saldrá vencedor, porque solo existe una doctrina de Cristo. De esta harmonía surge la iglesia fiel del Senhor, La Nueva Jerusalén. (Apocalipsis 21:9-10)

El rio vencedor, la iglesia detentora de la Verdad del Evangelio, va a luchar contra la iglesia de las ceremonias (el mar): “… este rio hizo lucha en el mar, y el rio salió vencedor.”

La iglesia victoriosa se une al Poder del Señor y desciende a la Tierra, destruyendo toda la religión falsa, implantando La Nueva Jerusalén en la Tierra, proclamadora de La Nueva Revelación Viva: “Entonces el rio se unió al fuego y vino a la Tierra, matando lo que era fuego inmundo, lo que era mar maldito y lo que era rio inmundo.”

A continuación, es dicho: Pero vi yo que todas las especies de enjambres fueron quemados por el fuego.”

En revelación anterior, el Señor comparó los creyentes a las abejas y sus ramas (iglesias) a colmenas. Aquí se describe que el Fuego del Señor va a exterminar toda la falsedad existente en las criaturas religiosas, destruyendo sus iglesias; pues en la Nueva Tierra solo habitarán los verdaderos siervos de Dios y habrá un único rebaño, teniendo Jesucristo, como su único Pastor. (Juan 10:16)

La victoria del Evangelio y el desmoronar del paganismo cristiano y de otros grupos idólatras son descritos en la revelación de El Gran Evangelio de Juan’: “Entonces habrá en la Tierra mucha contienda y crujir de dientes, y los hombres hace tanto tiempo enterrados en las tinieblas comenzarán a correr detrás de fuegos fatuos inmundos, juzgando recibir justo conocimiento. La repetida extinción de tales luces, poco a poco, los llevará a la convicción de ser engañados. He aquí que volveré cual rayo luminoso que todo iluminará del Poniente al Levante, y el tiempo vendrá en el cual los falsos profesores y profetas nada conseguirán con los hombres esclarecidos por aquel rayo.” (El Gran Evangelio de Juan – volumen X – 154:7)

  Infelizmente, ni todos los hombres están esclarecidos en este nuestro tiempo, manteniéndose todavía muchas criaturas cerca de la Verdad (a la vera del rio), más todavía presas al mundo que las rodea y a la superstición religiosa. Es dicho en la narrativa del profeta de la Tierra: Las codornices serán atrapadas para alimento de los supervivientes que se encuentran a la vera del rio …”

A ejemplo del recorrido del pueblo de Israel en el desierto, al camino de la Tierra Prometida, también hoy existen personas que aman el Señor y quieren Servirlo, más echan de menos la carne que comían en Egipto (símbolo del mundo con sus atractivos):

Dice la Escritura: “En el desierto, toda la multitud de los hijos de Israel comenzaron a murmurar contra Moisés y Aaron. Le dijeron: Porque no fuimos muertos por la mano del Señor en Egipto, cuando estábamos sentados junto a las ollas de carne y comíamos pan a voluntad. Nos trajiste para el desierto a fin de matar de hambre todo este pueblo. (…) Moisés dice: Esta tarde el Señor os dará carne para comer y mañana pan con hartura, pues oyó lo que proferisteis contra El (…) De tarde, realmente, aparecerán codornices que cubrían el campo, y en la mañana siguiente, había una camada de roció alrededor del campamento. Cuando este rocío se evaporó, apareció en la superficie del desierto una cosa pequeña, granulada, como granizo caída en la tierra. Al verla, los hijos de Israel se preguntaban unos a los otros: ¿Qué es esto? (en hebreo man-hu o maná), pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: Es el pan que el Señor os da para comer.” (Exodo 16:3,8,13,14,15)

Prosigue el dictado profético: Vi entonces que descendía del Cielo muchas aguas multicolores, separadas unas de las otras y todas ellas se querían tocar; mas no había ligación posible.” Estas aguas multicolores representan la Palabra de Dios enviada de los Cielos a través de Sus ángeles, trayendo muchas revelaciones nuevas (aguas multicolores). Aunque sean muchas las revelaciones traídas por los ángeles, no pueden juntarse; cada ángel tiene una tarea específica, para cumplir el Orden Divino.

Continuando dice el profeta de la Tierra: Vi entonces un gran canal de agua cristalina descendiendo junto de las otras aguas …”. Sobre este canal de aguas cristalinas y también sobre las aguas multicolores, nos fue dicho anteriormente por el Señor: En aquel día será visto un techo de nubes blancas, y encima de las nubes está un nuevo rio de aguas cristalinas; y lloverán en ese día aguas multicolores y cristalinas que regarán toda la nueva Terra.”

Prosigue la narrativa del profeta de la Tierra: Cuando estas aguas tocaron en la Tierra, se vio en ese lugar belleza como nunca antes había sido vista y un gran jardín nació.” Este jardín que nace, después de la Nueva Tierra ha recibido las aguas multicolores y las aguas cristalinas, es la Nueva Iglesia, La Nueva Jerusalén.

Esta Nueva Iglesia es compuesta por millares de siervos del Señor, llenos de poder y dones del Espíritu Santo (flores). Esta Nueva Iglesia tendrá un crecimiento rápido, conforme es dicho: Este jardín nació con muchas flores multicolores que hablaban unas con las otras, y en la tierra se multiplicaban sus raíces fuertes …”.

 Una nueva revelación es transmitida en el final: “… y estas raíces descendían un poco bajo la tierra y traían más y más flores; y era grande la multiplicación, siendo las flores regadas con las aguas multicolores.” Las raíces de estas flores descienden un poco bajo de la tierra, al lugar de los espíritus que todavía no están en el primero Cielo y lo testimoniaren de la Nueva Tierra, traen para la superficie aquellos que se encontraban todavía en tinieblas espirituales. Podemos comparar (salvaguardando la debida distancia) este hecho con lo que aconteció después de la muerte física de Jesus. El descendió al Hades (lugar de los muertos) dando testimonio de Su sacrificio y arrebató aquellos que estaban cautivos en ese lugar de oscuridad: “Por lo que dice: Subiendo a lo alto, llevó cautivo el cautiverio, y dio dones a los hombres. Ahora, esto – el subió – ¿qué es, si no que antes había descendido a las partes mas bajas de la tierra?” (Efesios 4:8-9) Este texto de la Escritura nos muestra una realidad invisible a los ojos físicos; más en la altura de la muerte y resurrección de Jesus, algo aconteció de extraordinario: “Y es que el velo del templo se rasgó en dos, de arriba a abajo; y tembló la tierra y rompieronse las rocas, y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que murieron fueron resucitados; y, saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de El, entraron en la ciudad santa, y se aparecieron a muchos.” (Mateo 27:51.53)

Es grande el Amor del Señor para con aquellos que en cuanto vivieron en este mundo no supieron apropiarse totalmente del Sacrificio de Jesus, para ser recatados de este lugar de tristeza y encaminados (regados) por los ángeles, para que puedan también habitar la Nueva Terra.

Continuamos el análisis de este capítulo con las palabras del Señor que confirman el estado de la iglesia actual, en vista a la obra profética que está a desenvolverse y que abarca toda la Tierra:

Desde el principio de todas las cosas Yo labre toda vuestra tierra, para que en el tiempo de toda la profecía Mi profeta ande ligado a Mi obra hasta que Yo venga.” Este “principio de todas las cosas” es el Nuevo Testamento, que inicia un Nuevo Orden para la humanidad y para todo el Universo; el “labrar toda vuestra tierra” significa el trabajo arduo hecho por Jesus, predicando el Evangelio y culminándolo en Su sacrificio en la cruz, en el cual ofreció en holocausto Su cuerpo (Su Verbo, del que el hombre tiene que apropiarse, viviendo en armonía con la doctrina) y Su sangre vertida (el poder de redimir del cual el hombre tiene que apropiarse, para su Salvación eterna), conforme es mostrado proféticamente en la última cena de Jesus con Sus apóstoles. (Mateo 26:26-28)

En cuanto al profeta estar continuamente ligado al Señor y a Su obra, nos muestra que a través de este ministerio Dios transmite a los hombres Su voluntad. El Amor del Padre para con Sus hijos, Lo lleva a no hacer nada sin previamente avisarlos: “Ciertamente el Señor Jehová no hará cosa alguna, sin haber revelado su secreto a sus siervos, los profetas.” (Amós 3:7)

Aunque Dios respete siempre Su propio Orden, el hombre, al revés de evolucionar en el conocimiento espiritual, se animaliza por el materialismo y se torna sordo a las revelaciones de lo Alto. Tal como el hombre, también la iglesia dejó de oír la voz del Espíritu Santo, siendo su estado actual idéntico al del pueblo de Israel en el tiempo del profeta Isaías. Dice este profeta: Toda la visión ya se os tornó como palabras de un libro sellado, que se da al que sabe leer, diciendo: Lee esto, te lo pido; y el responde: No puedo, porque está sellado; y se da el libro al que no sabe leer, diciendo: Lee esto, te lo pido: y el responde: No se leer.” (Isaías 29:11-12)

La profecía de Isaías está de acuerdo con las últimas palabras de este dictado del Señor: En el inicio era la tierra fértil, tierra bendecida; hoy es tierra malditade tal manera que Mi iglesia no tiene oídos para Mi obra profética.”

Hoy también son pocos los que aceptan las revelaciones del Señor, transmitidas por verdaderos profetas de Dios. El hombre sigue su existencia, al sabor de su naturaleza carnal y no de su naturaleza espiritual, que se encuentra adormecida dentro de sí. Pablo expresa esta verdad, comparando el hombre natural y el hombre espiritual: “Ahora el hombre natural no comprende las cosas del Espíritu de Dios, porque le parecen locura; y no puede entenderlas, porque ellas se disciernen espiritualmente. Mas lo que es espiritual discierne bien todo, y el de nadie es discernido.” (I Coríntios 2:14-15)

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