– V –

Iniciamos las revelaciones de este día con el primer dictado del Señor.

Este dictado fue precedido por una visión en la que el profeta observó varios lugares de Galilea en la época de Jesús, con las moradas típicas de esa época y las personas que llevaban los trajes de la época; Jesús mismo caminó entre los que eran felices en Su compañía.

De repente Jesús desaparece y ese lugar se transforma completamente. En el lugar donde existían las casas de la época de Jesús, surgen viviendas modernas y la gente aparece vestida con ropa de nuestro tiempo. El profeta oye decir al Señor:

“Mis pies pisan tierras de Galilea y sigo adelante para otras ciudades.

Por el camino un hombre viene a Mi encuentro y Me dice: Oí hablar de Ti. Si tu eres el Nazareno, haz prueba de mí y ayudame a ofrendar toda mi riqueza a todo aquel que no tiene casa.

Yo le dije: Hombre, hoy mismo quitaste de ti todo lo que es tuyo; porque lo que Me estas pidiendo hoy será recordado, hasta el día en que Yo regrese a la tierra, y lo recibirás en los cielos. Porque sin conocer Mi obra, por ti Me conociste en tu corazón.

Setenta (70) será aquello que tú Me diste y serán setenta (70) los compartimentos.”

La revelación que precede a este dictado tal vez explique un poco su significado, porque Jesús aparece en dos épocas diferentes: En el momento en que pasó por la tierra y en la actualidad, lo que significa que las verdades del Evangelio son las mismas, porque Sus palabras son eternas. Así, el encuentro con este hombre que dice haber oído hablar de Jesús muestra interés o atracción por la doctrina. Jesús lo recompensa por su interés en ayudar a los demás y dice: “Porque lo que Me estás pidiendo hoy será recordado, hasta el día en que Yo vuelva a la Tierra, y lo recibirás en los cielos.”

Como premio o galardón para este hombre, fue dicho por el Señor: “Setenta será aquello que Me diste y serán setenta los compartimentos.” Para esta revelación no tenemos otro entendimiento si no lo que es dicho en el Evangelio: “Bueno está servo bueno, porque en lo mínimo fuiste fiel, sobre diez ciudades tendrás autoridad.” (Lucas 19:17)

Después de algún tiempo, el profeta tuvo una nueva experiencia con el Señor que creemos que está relacionada con este primer dictado. En esta experiencia encontramos dos mensajes. El primero, con enseñanza espiritual genérica, mostrando que el hombre debe despojarse de los bienes materiales para cumplir plenamente la ley de Cristo, amando a su prójimo como a sí mismo. Jesús dijo claramente: “Vended lo que tenéis, y dad limosna. Haced para vosotros bolsas que no se envejezcan; tesoro en los cielos que nunca termina, donde no llega el ladrón y la polilla no roe. Porque, donde estuviera vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (Lucas 12:33-34) La segunda (según nuestro entendimiento) está relacionada con algo que el Señor desea hacer con nosotros (Comunidad Betânia).

Estando el profeta en su residencia, sintió gran malestar y un dolor severo en el brazo izquierdo. En ese momento oyó la voz del Señor decirle: “Levantate! Sal de tu casa y ve a andar sin destino.”

El obedeció la voz del Señor y caminó durante algún tiempo, llegando a un lugar que se bifurcaba en dos calles, una a la derecha y otra a la izquierda. En ese momento surgió junto de  él un hombre (ángel) que le dice:

“Sigue por la calle de la izquierda.” El profeta obedeció y siguió por la calle de la izquierda. A mitad de la calle surge otro hombre (ángel) que le dice:

“Vuelve para atrás y entra por la calle de la derecha.” El profeta regresó a la bifurcación y entró en la calle indicada. El hombre lo acompañó en el camino por la calle a la derecha. Cuando el profeta estaba en medio de la calle, oyó el ruido de una hoja de árbol que bajaba desde arriba; al caer al suelo esta hoja (diferente de cualquier hoja conocida) hizo un ruido como si fuera un objeto pesado. En ese momento, el profeta sintió algo dentro de sí, como si estuviera siendo vaciado desde dentro. Escuchó la Voz del Señor decirle: “Coge la hoja y observala.” El profeta obedeció la orden del Señor. Tomó la hoja y la observó, notando que sólo tenía un nervio desde el pie hasta la punta. El profeta le pregunta al Señor por qué esta hoja sólo tiene un nervio. El Señor dice:

“Aplastalo con la mano derecha y tirarlo al suelo; a continuación, pisarlo en tu pie derecho.”

Después de haber cumplido la orden del Señor, surge otro hombre (no era ángel, sino una persona terrena) acercándose al profeta y del ángel que lo acompañaba y les dice: “Yo sé lo que vosotros quieren que yo os de.”

Dirigiéndose todavía a profeta le dice: “Tú conoces esta calle, más no sabes su nombre.”

En nueva visión, el profeta estaba ansioso por encontrar el hombre que lo había abordado en la calle de la derecha y se apresuraba para llegar al lugar. En el camino se encontró caminando sobre un río, como si caminara por una carretera. Pasa a una compuerta de este río, que debe llenarse de agua para que un barco pase a otro nivel. Cuando una compuerta se cierra tras otra, el profeta se siente atrapado y clama al Señor. En ese momento oye la voz del Padre hablar con él: “Espera quince días para que el agua suba; e volverás al mismo lugar donde viste al hombre que Yo envié a tu encuentro.”

Estas palabras del Señor son la garantía de Sus promesas; más estos «días» no son días comunes; el Señor  usa muchas veces la palabra «día» para designar un determinado tiempo para la ejecución de Su obra (II Pedro 3:8).

Todavía insertado en esta «página» fue dado por el Señor nuevo dictado.

Este segundo dictado nos muestra proféticamente el desarrollo de nuestro tiempo hasta que la gran obra del Señor sea concluida.

“Siendo el corazón de Mi Padre Mis ojos, el corazón de Mi Padre vio todo a través de Mis ojos. Todo en la Tierra estaba fresco y la tierra daba alimento con hartura a todas las casas.

Les dije a los ángeles que habitan Conmigo, pero todavía no tienen conocimiento de la tierra (mismo andando Conmigo). Estos ángeles no hablan, sólo Me escuchan.

Me oyen hablar de otro tiempo.

¿Será que los ángeles que caminan conmigo y oyen mi voz clamarán en los días de hoy?

Un día una mujer oyó mi voz, estando ella lejos de Mí, y oí su llanto. Su llanto tocó Mi corazón y desde la distancia ella Me dijo:

Señor, tengo en mi corazón una gran costra que no puedo quitar e incluso el hombre no puede con su sabiduría.

Yo oí su llanto y Mis lágrimas saldrán y lavaran la Tierra; pues Yo abrí un arroyo hasta el lugar donde esta mujer estaba. Esta mujer Me esperaba, y Me dice:

¡Señor, ansiaba por Ti hace mucho tiempo!

Te estaba esperando porque sé que me vas a preparar para darme un nuevo corazón. Mas, Señor, vengo de tan lejos para que Tú me muestres esa tierra fresca.

El hombre que construyó mi casa me dejó viuda y no me dejó ningún amparo.

¡Dame Tú tu amparo!

 Dije Yo a la viuda: Una casa será para ti por lugar, cuando Yo venga nuevamente a este lugar. Entonces Me aparté de la mujer viuda y ella se alegró.

Caminando yo, vi a una familia de muchos acercarse a Mí; ellos eran tantos, tantos como eran. Llegando junto a Mí dijeron:

Si tú eres el guardián del ganado, entonces ven a nuestro lugar, porque los animales que son nuestro alimento están muriendo; porque fueron atacados por una enfermedad y no podemos comer sus carnes.

Entonces Yo les dije: Las uñas de tus animales pisan pastos inmundo, donde Yo quería daros en ese lugar tierra fresca.

Por ser Mi palabra provenida de Mi, Yo os dije: Oí en el día de hoy, porque otros días ya están proximos. Por lo que era hoy, así será, y todo aquel que en aquel dia siempre han cultivó y guardó su ganado en la tierra fresca hasta los días de hoy, ese dejará de esta proxima tierra todo lo que le dije y vivirá para siempre; porque de Mí oyó Mis palabras.

Antes de conocerme, ya le conocía, así que dije: Come y bebe. Disfruta de tu vida, tú y tu casa. Sean agradables a Mis obras y no a las obras del mundo.

Lloré en los días de Nazaret y Betsaida, al igual que hoy.”

Son varios los cuadros proféticos presentados por el Señor en este segundo dictado. Pasamos a considerar cada uno, siguiendo el orden de la revelación.

Siendo el corazón de Mi Padre Mis ojos…” Estas palabras lindísimas del Señor muéstranos una vez más el gran Amor de Dios por Sus criaturas.

Parafraseando estas palabras, leíamos el texto: “Siendo el corazón de Dios el Amor absoluto e intangible por el hombre mortal, este corazón paso para Su Hijo Jesus, que es la Sabiduría de Dios, la gracia de, a través de Sus ojos físicos (Jesus tomó la forma humana y vivió entre los hombres), observar la necesidad de Sus criaturas y compadecerse de ellas.”

En el principio, el Dios Creador hace aparecer por Su Palabra la Tierra y todas las cosas a ella ligada y después, como corona de Su obra, creó al hombre a Su imagen y semejanza, y dijo: «Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí, era muy bueno.(Génesis 1:31)

Jesús recuerda esta tierra creada por Dios que hasta algún tiempo que hasta determinada altura todavía alimentaba a sus habitantes, pero hoy está tan degradada que el hombre no retira buena alimento de su suelo. Dice el Señor: Todo en la Tierra era fresco y la tierra daba alimento con abundancia para todas las casas.”

Con respecto a la gran obra que el Señor está haciendo y seguirá haciendo para restaurar esta tierra tan maltratada por el hombre en su codicia, ni los ángeles que Lo acompañan son conscientes de lo que está por venir. Dice el Señor: Ellos (los ángeles) Me oyen hablar de otro tiempo.”

El Señor se interroga si Sus ángeles tendrán placer en anunciar lo que irá a acontecer, pues la maldad del hombre es grande: “¿Será que los ángeles que andan Conmigo y oyen Mi voz clamarán en los días de hoy?”

En otro cuadro profético que pasamos a analizar, vemos una descripción interesante sobre la Iglesia denominada ‘Gran Babilonia’ aquí representada como una mujer viuda. Dice el Señor sobre esta mujer: Cierto día una mujer oyó Mi voz, estando ella lejos de Mi y Yo oí su llanto. Su llanto tocó Mi corazón y en la distancia ella me dice: Señor, tengo en mi corazón una gran costra que no consigo quitar y ni el hombre consigue con su sabiduría.

Esta “costea” representa la religión exterior, ya sin vida, pues hace mucho tiempo se apartó de la adoración e espíritu y en verdad, substituida por la pompa y el culto externo; no más se acercó al Señor a través de Su Espírito Santo, más lo substituyo por liturgias sin vida.

Esta mujer/Iglesia lleva mucho tiempo esperando un cambio, pero no tiene la fuerza para llevarlo a cabo.

El Señor dice que con el tiempo restaurará todas las cosas dentro de esta Iglesia (Iglesia Romana); porque ha sido a lo largo de los siglos un baluarte de la Fe, aunque se ha corrompido en muchas cosas. Es por eso que Jesús dice: “Yo oí a su llanto, y Mis lágrimas salieron y lavaron la tierra; pues Yo abrí un arroyo hasta el lugar donde esta mujer estaba. Esta mujer Me  esperaba, y Me dijo: ¡Señor, ansiaba por Ti hace mucho tiempo!

 Esta mujer reclama delante del Señor, que un hombre (Lucifer/Satanás) le hizo una casa, más después la abandonó, dejándola viuda. En el libro de la Revelación el Señor habla a la Iglesia de Pérgamo (que significa casamiento pervertido): “Yo sé de tus obras, y donde habitas, que es donde está el trono de Satanás; y retienes mi nombre, y no negaste mi fe, todavía en los días de Antipas, mi fiel testigo el cual fue muerto entre vosotros, donde Satanás habita.” (Apocalipsis 2:13)

Esta Iglesia pide al Señor: Dame Tú, Tú amparo.” La respuesta del Señor es una bendición para esta Iglesia: Una casa te será por lugar, cuando Yo venga nuevamente a este lugar.”

Citamos un extracto de la Escritura que proféticamente anuncia estos días: “…no te recordarás más del reproche de tu viudez. Porque u Creador es tu marido. Porque el Señor os ha llamado como la mujer desamparada y triste de espíritu; como la mujer de la juventud que es despreciada, dice tu Dios. Por un pequeño momento te dejé, pero con grandes misericordias te recogeré.” (Isaías 54:4-7)

Pasamos a la descripción del encuentro del Señor con otros grupos cristianos que Lo tratan como “Guardador de ganado/Pastor”. Dice el Señor: Caminando Yo, vi aproximarse a Mi una familia de muchos…” Son todos los grupos cristianos que rompieron con la Iglesia Romana por causa da su perversión del Evangelio. Estos grupos, separados por interpretaciones individuales de la Biblia, son hoy tantos que es difícil vislumbrar el verdadero cristianismo. Mas todos ellos claman al Señor por unidad.

El Espíritu Santo está tocando muchos corazones sinceros esparcidos entre ellos, recordando las palabras de Jesus: “Todavía tengo otras ovejas que no son de este pasto; también me conviene agregar estas, y ellas oirán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor.” (Juan 10:16)

Estos grupos claman: “…los animales que son nuestro alimento están muriendo; pues fueron atacados por una dolencia…” El Señor responde que el motivo de la dolencia es la doctrina falsificada que ha sido predicada a los hombres, mezclando la verdad del Evangelio con la mentira, por falta de entendimiento o impuesta por ganancia.

La realidad de hoy es la misma que una vez llevó a la explosión de muchos cristianos del seno de la Iglesia Romana, por su corrupción. Pasados los siglos, muchos otros cayeron en el mismo error.

Dice el Señor, identificando el problema: Las uñas de vuestros animales pisan pastos inmundos …” No en tanto, fue siempre deseo del Señor que Su Evangelio fuese proclamado en la pureza: “… Yo quería daros en ese lugar tierra fresca.”

En este análisis la Iglesia de Roma y de otros grupos cristianos, conviene intercalar una cita de Jesus transmitida al profeta Jakob Lorber.

Después de que el Señor habló de la sujeción de los hombres a sus gobernantes, incluso si son autoritarios e incluso indignos, dice nuestro querido Padre dice de la ligación de las personas con la iglesia:

“En segundo lugar, con respecto a la iglesia externa, todos deben sujeción a la misma, de la misma manera que se someten al gobernante, solo que quien la abandonare no sufrirá castigo, como es cuando se rebela contra el gobierno. Mas Yo aviso que miraré con ojos enojados aquel que desprecie a su madre espiritual mundana. Y este no tendrá mejor destino de aquel que repudia la religión en la cual vuestras almas adquirieron las primeras impresiones que las alimentaran.

(…) Ya que la Iglesia Romana os enseña esto – y en verdad lo hace muy bien – ¿qué os aparta del cuerpo de vuestra madre espiritual?

Permaneced entonces cada uno fiel a su iglesia, y cada católico romano será bendecido noventa e nove veces, en cuanto permanezca obediente a la misma. Y cada uno que sea de otra creencia será bendecido solo una vez, pues él es un juzgador lleno de amor propio, y en él hay poco amor y no hay humildad. En verdad, Yo os digo: No será más fácil para alguien alcanzar Mi Palabra Viva em alguna secta que no en la Iglesia Romana, pues allí son predicadas en humildad y la obediencia de acuerdo con Mis santas palabras, constantemente y con ahínco.” (Dádivas del Cielo – 15 de Agosto de 1840)

El Señor a lo largo de meses nos tiene advertido que en el fin de los tiempos irá a restaurar esta Iglesia (Iglesia Romana) que El mismo tantas veces denomina de Adúltera, Meretriz y Gran Babilonia.

Continuando el análisis del dictado del Señor, recordamos Sus palabras todavía con respeto a los grupos cristianos dispersos: Oí en el día de hoy (…) aquel que en aquel día siempre cultivó y guardó su ganado en la tierra fresca hasta los días de hoy, ese dejará en esta próxima Terra todo lo que le dije y vivirá para siempre…

Citamos otra revelación transmitida a Jakob Lorber. El Señor, después de explicar la diferencia entre la Iglesia romana y los demás grupos cristianos, advierte de la gran verdad que se superpone a todo: “Pues si alguien deseara ser por Mi renacido (nacer de nuevo – Juan 3:3), el precisa reconocer sus pecados, y reconocerlos públicamente para su humillación; quiero decir: en público, por la confesión en lo íntimo a Mi, para pedir por Mi perdón, como os es mostrado en Mi oración (“Padre Nuestro” – Mateo 6:9-13), tal como Pedro hizo (Mateo 26:69-75). Debe sentir verdadero arrepentimiento, luto y miedo. Debe llorar por la pérdida de Mi misericordia y, con corazón contrito, debe proponerse no pecar más.

También tienes que decidir romper con el mundo, y entregarse totalmente a Mi corazón y sentir un inmenso anhelo por Mí, pues mucho Me ama. En este anhelo debe alejarse diariamente y cada vez más de los asuntos mundanos, incluso si se trata de permanecer en la meditación y en total calma, al menos siete cuartos de hora al día (una hora y cuarenta y cinco minutos). La única tarea en estos momentos debe ser relacionada Conmigo, ni oraciones, ni lecturas, nada, solo Yo. Al fin de esta meditación, nada de discursos agitados, más si: Señor, aquí estoy. Yo Te deje esperando por mucho tiempo, Santo y Amado Padre, pues desde mi infancia Tú me llamabas…” (Dádivas del Cielo – 15 de Agosto de 1840)

El dictado de hoy termina con estas palabras del Señor: Yo lloré en los días de Nazaret y Betsaida, tal como en los días de hoy..”

Vamos a registrar otra revelación dada a siervo profeta, en la cual están envueltos, el mismo y el siervo “escriba”.

El “escriba” aguardaba con gran expectativa una fecha especial, pues sabía que algo iba a acontecer.

Después el profeta observo en un determinado camino una niña de cerca de doce años, andando en un patinete. Este patinete era remolcado por otro patinete mayor, conducida por el siervo “escriba”.

Pasado algún tiempo, el “escriba” paro su patinete, pues se sintió cansado y la niña fue forzada también a parar. El local donde el “escribano” paró para descansar era apacible y había en ese lugar una mesa de piedra con dos bancos también de piedra; la mesa y los bancos de piedra eran trabajados con mucho primor.

El “escriba” y la niña se sentaron en los bancos, uno en frente del otro. Sobre la mesa había un plato con dos frutos iguales que parecían destinados al “escriba”.

 Entonces la niña, con autoridad del Señor, dice al “escriba: “Probarás de este fruto tan especial, pues pocos frutos iguales ya existen en la tierra.”

El profeta que se encontraba próximo del lugar oyó estas palabras y dice al Señor: “Señor, ¿el (el “escriba”) va a comer de los dos frutos? ¡Señor, no le dejes comer!”

La niña, con autoridad venida del Señor, dice a profeta:

“Tu oíste a mi Señor. ¡Él es mi Padre!

No te preocupes que el (el “escriba”) solo va a comer un fruto.

Sabe que él va a comer este fruto y va a tener un poco de tiempo con este fruto dentro de su ser.

El será levantado, más yo (la niña) todavía quedo por aquí por más de un poco de tiempo. 

Cuando tu (el profeta) comieres el otro fruto, entonces yo también seré levantada.”

Después de que la chica pronunció estas palabras, el «escriba» comió uno de los frutos que estaban en el plato. Entonces la mesa de piedra y los dos bancos se fusionaron y desaparecieron; el plato con la otra fruta se quedó en el mismo lugar.

Se nos reveló que el lugar donde estaban la mesa y el plato con los dos frutos era la roca donde el profeta tuvo el primer encuentro con el Señor; donde conoció a la persona de Jakob Lorber y a un ángel del Señor. Este fue también el lugar donde el Señor dictó las palabras que están registradas en el Capítulo II. (Ver a figura 2)

Incluso fue dicho por el Señor:

“Registra esto como – El Nuevo Templo.”

Analizaremos esta revelación, dividiéndola en tres partes.

En la primera parte consideramos que a “niña de doce años” representa a la Comunidad Betania, a la cual están ligados el siervo “escriba” y el siervo profeta, hace cerca de doce años. Esta comunidad conoce toda la revelación transmitida al profeta Jakob Lorber, bien como la revelación que nos tiene sido transmitida con el título “Del 1.º al 3.º Cielo Abierto”.

Esta “niña” y el siervo profeta no serán arrebatados en el primeo arrebatamiento (“primera ola”), más si en el segundo (“segunda ola”), conforme tiene sido dicho varias veces por el Señor.

En la segunda parte da revelación son presentados dos frutos iguales; estos dos frutos corresponden a dos tiempos.

Encuadramos este discernimiento en una de las últimas revelaciones transmitidas en la obra “Las Nuevas Revelaciones para el Reino”,en que es dicho por el Señor:

“Comenzad (profeta y “escriba”) por saborear el alimento físico, para que no tengáis alguna duda sobre las cosas que ya os revelé personalmente a vosotros, y que hoy son de alegría en vuestro corazón y en vuestra alma (…) Escriba, está llegando el tiempo en que el alimento de este plato irás a verlo en Mi gloria.

Y tú, profeta, irás a sentir el olor de este plato, cuando Yo te prepare para ir a encuentro de él (del “escriba”), allí en Mi gloria.”

De acuerdo con esta cita, consideramos ser la tercera parte de la revelación correspondiente a la obra “El Nuevo Templo”, que terminará cuando fuera registrado e capítulo XLV (la mesa y los bancos de piedra son unidos e desaparecen).

Es dicho por la niña: Cuando tu (profeta) comieres el otro fruto, entonces yo (Comunidad Betania) también será levantada.”

Como confirmación de esta revelación, registramos una visión dada por el Señor al siervo profeta.

Dentro de una cobertura de vidrio, se encontraban el profeta y el “escriba”, bien como dos orfebres (ángeles). Estos dos orfebres hacían calzado de oro para los dos siervos.

Uno de ellos hizo dos zapatos para el siervo “escriba” y le dice: “En breve estos zapatos van a dejar sus marcas en la tierra”. El otro orfebre hizo sólo el zapato del pie izquierdo del profeta y le dijo: “Tu todavía tendrás que caminar algún tiempo en esta tierra.”

Pensamos mejor no aventurar cualquier discernimiento para esta visión.

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