– III –

En el capítulo II el Señor habló sobre su paso en Jerusalén: Llegando Yo a Jerusalén, Yo me aborrecí por causa de la maldición del hombre.”

Los dirigentes religiosos, en la época de Jesus, habían corrompido toda la doctrina y transformado el Templo en un lugar de negocio y no de verdadera adoración a Dios.

La culminación de su maldad fue matar al propio Mesías que decían esperar durante siglos. Pero Jesús, como Mesías, no cumplía con los requisitos que esperaban, porque el materialismo de todos les cegó el entendimiento espiritual.

Cuando mataron a su Mesías, Jesús el Salvador de Israel, trajeron sobre sí una maldición, no decretada por Dios como castigo, sino proferida por sus propios labios.

Cuando Pilatos (representante del Imperio Romano en Palestina) lavó sus manos, intentando distanciarse de la sentencia, dice: “Estoy inocente de la sangre de este justo: considerad esto.” (Mateo 27:24). La multitud, instigada por los fariseos, pronunció las palabras que todavía hoy resuenan como sentencia contra a su propia existencia como pueblo, llamado de Dios. Dice la multitud enfurecida: “Su sangre (la sangre de Cristo) caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.” (Mateo 27:25)

Jesús sabía que la muerte de Su cuerpo era necesaria. Y Su gran Amor y Misericordia fueron demostrados cuando, desde lo alto de la cruz, contempló a la multitud y dijo: “Padre, perdonales, porque no saben lo que hacen.” (Lucas 23:34)

 Con Su muerte, Jesús venció su propia muerte y abrió un camino de retorno al Padre, ya sea para el hombre de esta tierra, destinado a la filiación Divina, como para todos los soles y planetas del Universo y sus habitantes.

Fue Jesús como hombre quien efectuó esta redención eterna. La Escritura dice: “Porque hay un solo Dios, y un solo Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a si mismo en precio de redención por todos …” (I Timoteo 2:5-6)

En las palabras dictadas hoy al siervo profeta, el Señor nos muestra que Su sacrificio no solo benefició al hombre de esta Tierra, más también todos los otros seres que habitan o Universo.

Dice el Señor:

“Cuando mis brazos se abrieron, y sangraban  Mis manos, Mis ojos brillaron y eran como espadas; y en aquella hora corté toda la tierra y separé todo lo que era limpio de la suciedad.

Surgió El barro y el agua cristalina; en ese momento vi muchos ojos con escamas. Así que saqué todo el barro de los cuerpos. Y a pesar de que estoy con los brazos abiertos y con sangre, Yo los llevé al agua cristalina.

Moví los Cielos, la Tierra, el mar y el hombre.

El mar se enfureció, la Tierra fue lavada, los Cielos se gloriaran. Mas ay de la Tierra, porque ella se engrandeció.

Cuando salí de aquel lugar, oí las fiestas del mundo sobre Mi Nombre, mas también oí la adoración a Mi Nombre.

Cuando entré en la Casa de Mi Padre, Él Me mostró un gran Espíritu; y Yo dentro del Sol y de todo el Universo.

En Mi mano derecha tenía todos los planetas, y en Mi mano izquierda tenía los planetas de abominación.

El Padre Me dice: ¡el Mundo es tan pequeño en Mi mano, así como la Mano de Mi Hijo; y un día Su mano va a brillar como Sus ojos, así como espadas!

Ya yo Le dije: Hijo, ¡IX NAXI (Es hora)!”

Vamos a destacar algunos puntos de este dictado del Señor.

1 – Surgió el barro y el agua cristalina; en aquella hora vi muchos ojos con escamas.” Estas palabras de Jesus son explicadas por la curación del ciego de nacimiento (Juan 9:1-7). Jesus, al escupir en la tierra, hizo barro; queriendo esto decir que Jesus, encarnado como hombre, se hace tal como Adán del barro de la tierra. (Génesis 1:7)

La presencia física y visible de Jesus entre los hombres les permitió experimentar este “barro” en sus propios ojos (viendo Sus milagros y oyendo Sus mensajes). Cuando el ciego, en obediencia a Jesus, fue hasta el tanque de Siloé (que significa el Enviado), cayéndole de los ojos las “escamas” y poder ver claramente. Por eso también hoy, Jesus dice: Yo os llevé al agua cristalina.” – ve al tanque de Siloé …

2 – Moví los Cielos, la Terra, el mar y el hombre.” Por Su muerte y Su resurrección, Jesus rompió todas las ataduras que perduraban durante millones de años, desde la rebelión de Lucifer hasta esa altura: Ninguno de los muertos había todavía resucitado por su propio poder; solo Jesus lo hizo.

Dice la Escritura sobre este acontecimiento cósmico: “Subiendo a lo alto (Jesus ascendiendo a los Cielos), llevó cautivo el cautiverio (todos los muertos que hasta esa altura aguardaban la bienaventuranza eterna), y dio dones a los hombres (capacidades espirituales a los hombres para poder dialogar con el Señor y oyeren Su voz).

Ahora esto – el subió – ¿qué es, sino que también antes hubiera descendido a las partes más bajas de la tierra?” (Después de morir, Jesús descendió al Hades – lugar de los muertos – mostrándose a todos, siervos fieles y espíritus condenados).

Aquel que descendió y también lo mismo que subió encima de todos los cielos para cumplir todas las cosas.” (Efesios 4:10)

3 – Yo dentro del Sol y de todo el Universo.” Según las revelaciones del Señor al profeta Lorber y a otros profetas Suyos, son muchos los lugares donde habita criaturas bienaventuradas. Conforme dice Jesus: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuese así, Yo os lo tendría dicho; voy a preparar el lugar para vosotros.” (Juan 14:2)

Después de estas palabras, el Señor pronunció Su mayor promesa a la humanidad, porque dijo que volvería a buscar a los suyos.

4 – Por último, vinculamos las palabras del Señor de ayer con Sus palabras de hoy.

Ayer. Dijo Jesús: “Y si yo fuera, y os preparara un lugar, volveré otra vez, y os llevaré a mí mismo, que donde yo estuviera estéis vosotros también.” (Juan 14:3)

Hoy. Palabras del Padre para nuestro tiempo: Ya Yo Le dije: Hijo, Ix naxi ¡(Es la hora)!”

Después del dictado del Señor, fueron dadas al siervo profeta otras revelaciones, que pasamos a registrar:

El profeta fue llevado en visión a un puerto de mar, donde un gran navío de pasajeros estaba siendo pintado. Los operarios encaramados en los andamios sumergían sus pinceles en cubos de pintura; pero los cubos estaban vacíos.

Porque el profeta halló extraña aquella actitud, el Señor anticipó su pregunta obvia y le dijo: “Así es el Universo. Pintan el planeta con tudo lo que es vacío.

Son los días de hoy; pues Mis siervos tienen visto con sus ojos físicos y no más por visión.

Ahora, Mi siervo, mira para lo alto.”

El profeta miró al cielo y vio un gran avión, siendo pintado de blanco en pleno vuelo. La pintura fue hecha por rayos luminosos proyectados por los pies de los ángeles (parecían garras de aves). Este avión volaba en plena oscuridad y sólo los rayos de luz que pintaban el aparato hacían luz a su alrededor. Después de que el avión fue completamente pintado, se levantó y desapareció en el cielo.

De esta visión podemos retirar la enseñanza espiritual en dos vertientes. El primero, dirigido a la Tierra y a toda su organización; el segundo, apuntando a los Cielos como morada de aquellos que están desconectados del materialismo.

Conforme dijo el Señor, el barco de pasajeros representa nuestro mundo siendo embellecido con una pintura que no tiene consistencia, ya que está destinado a la destrucción (los baldes de tinta vacíos).

Los siervos de Dios que están ansiando por su encuentro con el Señor observan todo naturalmente y disciernen los acontecimientos. No a través de la visión espiritual, sino analizando por su razonamiento los hechos que están aconteciendo. Jesús había profetizado eso, cuando dijo: “Ahora, cuando estas cosas comiencen a suceder, mirad hacia arriba y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca.” (Lucas 21:28)

En la visión del avión tenemos la segunda vertiente del enseño espiritual. La pintura representa al acogimiento de los siervos que están siendo separados por el Señor e integrados en Su medio, sin que el mundo se dé cuenta; porque para el mundo hay oscuridad espiritual (el avión está siendo pintado en la oscuridad).

Cuando el último de los elegidos fuera desligado de esta tierra pecaminosa, el avión ascenderá al seno del Padre, llevando a todos los bienaventurados.

El siervo profeta observó en visión una casa similar a la de los habitantes de la esfera central del Sol, conforme a la revelación dada por el Señor al profeta Jakob Lorber en la obra titulada “El Sol Natural”.

“… Las casas en la Franja Central del Sol no tienen ninguna semejanza a las casas de la Tierra, ni en su forma ni en su disposición, porque en todo el Sol no hay ninguna ciudad. Las viviendas de la Franja Central están todas en forma circular cónica, terminando en una punta aguda. El tejado puntiagudo sirve como protección contra la luz y el calor. Alrededor de la casa hay un campo para pequeños frutos, que está separado del siguiente círculo más grande (reservado a las ovejas) por un seto vivo de frutos. El círculo exterior es un campo para cereales, una especie de trigo. (…) Por esta razón, no iréis a encontrar en parte alguna, una vivienda en una planicie, más siempre sobre una colina … ” (O Sol Natural – cap.13 e vs.2,3)

 La habitación vista por siervo profeta estaba en el centro de un terreno con una configuración angulosa (conforme a la figura 3). La casa en forma de cono tenía muchas puertas a nivel del suelo y muchas ventanas en la parte superior; estaba en el centro de un cuadrado, que a su vez estaba en el centro del terreno con la forma en ángulo. Ningún extraño podía pisar la tierra adyacente a la casa, porque sería fulminado de inmediato.

Entendemos que esta será la habitación de los siervos del Señor que son bendecidos para participar en las Bodas del Cordero. (Apocalipsis 19:7)

Entonces el Señor mostró en visión una pen drive de color gris y blanco.

En cuanto el siervo profeta observaba este objeto, el Señor decía:

“El pen va a anunciar cosas grandes al mundo.

Hoy mismo comeréis este pen, tu y Mi siervo (el profeta y el “escriba”), iguales a Mi Obra; más en breves días lo vomitareis para el mundo, para que el mundo sepa el día que vendrá de todas las cosas.”

Entendemos que estas revelaciones estarán guardadas hasta que el Señor muestre la hora de ser divulgadas. Tal vez de aquí a algunos años, pues es dicho: “Mas en breves días lo vomitareis para el mundo.”

Figura 3

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