– II –

Ha llegado el día en que el siervo profeta conozca el lugar aislado para estar con el Señor.

Salió de casa con un tiempo agradable y montó su bicicleta hasta la orilla del mar. Al acercarse a la playa, empezó a llover. En ese momento, quejándose ante el Señor, dijo: “Señor, estoy todo mojado por la lluvia.”

Mientras pronuncia estas palabras, un hombre (ángel) se colocó a su lado. Este hombre le dice:

“Mira a tu derecha y verás una roca junto a la playa, esa rocha irá a abrigarte. En esa misma roca subirás.”

La lluvia paró y el siervo constató que su ropa había secado completamente.

Miró a su derecha, como dijo el ángel del Señor, y vio de hecho una gran roca. Era una roca que estaba ligada a la playa por una pequeña pasarela hecha también de rocas (Ver foto – Figura 2). Como en esa altura la marea estaba a subir, el siervo sintió algún recelo, más superándolo, caminó hasta la roca y vio que una parte de ella tenía otro color.

En la parte superior de la roca había dos hombres pescando. Cuando los miró cuidadosamente, reconoció que uno de ellos era el profeta Jakob Lorber y el otro sería un ángel del Señor, a pesar de que estaba vestido como un hombre ordinario. También vio que los utensilios de pesca que utilizaban eran diferentes de los habituales: los dos cañas eran de cobre, el alambre de pesca de plata y los anzuelos eran de oro.

El profeta les dijo a los dos pescadores: “¡Aleluya! Están pescando, pero no veo ningún pez.  Tampoco puedo llegar hasta vosotros, porque la marea está subiendo.”

En ese momento los dos pescadores respondieron:

«Mientras no subas hasta nosotros y profetices, no habrá peces.”

Como sintió cierta dificultad para subir la roca, los dos le extendieron las manos, ayudándolo en la subida.

Cuando se juntó a los dos pescadores, el profeta pronunció estas palabras proféticas: “Señor, que este lugar tenga peces.”

Inmediatamente se encontraron en las aguas del mar, alrededor de la roca, muchos peces nadando; pero ninguno de los dos quedó atrapado en los anzuelos de los dos pescadores.

Después de esta escena, los peces que nadaban cerca de la roca desaparecieron, al igual que el ángel del Señor y el profeta Jakob Lorber.

Esta reunión duró alrededor de una hora.

El siervo profeta comenzó el descenso de la roca y oyó en ese momento la voz del Señor: Así fueron los días de Cafarnaúm y Betsaida.” Jesús recuerda lo que sucedió en estas dos localidades; En Cafarnaúm “su ciudad” como es dicho en el evangelio de Mateo (Mateo 9:1), donde realizó muchos milagros y adoctrinó, y todavía en Betsaida, la ciudad natal de Sus discípulos Pedro, Andrés y Felipe (Juan 1:44).

Cuando el siervo hizo mención de dirigirse a la playa, siguiendo a través de la pasarela de roca, oyó de nuevo la voz del Señor: “Siéntate y escribe.”

Sabiendo que tal vez el Señor le revelaría algo, el profeta ya se había quedado con papel y lápices. Todavía en la roca, se sentó a escribir, pero no tenía apoyo para posar la hoja de papel. En ese momento, una pequeña mesa de piedra apareció ante él y así pudo escribir el dicho del Señor de que transcribimos a continuación:

“Siendo Yo Hombre entre los hombres, hay en Mí alegría, hay dolor en Mí, hay muerte y vida eterna.

Estando Yo de pasada por Galilea, Mi corazón que Me fue dado por Mi Padre se alegró en Mi por todo cuanto vi.

Yo vi que faltaba agua y pan, y muchos se acercaron a mí, porque no tenían como beber del agua y cómo comer y tampoco tenían abrigo. Ellos, hombres, mujeres y niños lloraban y Yo lloraba con ellos. Así que les di agua y comida y todos se regocijaron. Pero había quienes entre ellos querían robar; a estos, Yo los reprendí.

Había fiestas alegres en Mi Nombre e incluso se compartió con aquellos que habían llegado en ese momento y no eran parte de los presentados a Mi.

Vi en Cafarnaúm los agricultores que cuidaban de sus tierras, porque había amor por todo aquello en que trabajaban. Y aquellos que habían cogido mucho repartían con los otros que habían cogido poco.

Ese día había uno entre ellos, cuya parcela no tenía cosecha, y ese día este hombre lloró. Le pregunté, ¿por qué lloras?

Él Me dice: Pedí un poco de la cosecha a los de las tierras más próximas y no me oyeron.

Entonces Yo le dije: Hombre, hoy mismo tendrás una gran cosecha; y las cosechas de tus próximos Yo las haré secar.

Creció La cosecha fresca de este hombre y las otras cosechas se secaron debido a los vientos.

El agricultor lloró al ver su cosecha abundante y lo compartió con los necesitados en las cercanías.

Llegando Yo a Jerusalén, Yo me aborrecí por causa de la maldición del hombre.”

Comenzamos analizando lo que fue dicho por el Padre cuando el profeta bajó de la roca: “Así fue en los días de Cafarnaúm e Betsaida. Estas dos localidades ya fueron mencionadas anteriormente.

En lo alto de la roca, el profeta había encontrado a Jakob Lorber y al ángel pescando, pero ningún pez había sido capturado por ellos. Incluso cuando el profeta profetizó en el Nombre del Señor y los peces fueron vistos en el mar, ninguno de ellos fue atrapado por los anzuelos.

¿Por qué el Señor compara este acontecimiento con lo que sucedió en la época de Su ministerio terrenal cuando estaba en Cafarnaúm y Betsaida?

Porque esta comparación está relacionada con la necesidad de eliminar la enseñanza espiritual de los hechos pasados y de lo acontecido hoy. Aunque en la época de Jesús se realizaron muchos milagros en estas dos ciudades, el pueblo era incrédulo e impenitente, razón de la sentencia del Señor: “… ahí de ti, Betsaida! Porque, si en Tiro y en Sidón fuesen hechos los prodigios que en vosotros se hicieran, hace mucho se habrían arrepentido (…) Y tu, Cafarnaúm que te elevas hasta los cielos, serás abatida hasta los infernos, porque si en Sodoma tuviesen sido hechos los prodigios que en ti se obraron, habría permanecido hasta hoy.” (Mateo 11:21,23)

La frase de Jesús al tiempo también está en uso hoy en día, porque el materialismo y la incredulidad son iguales.

Pasemos al análisis del Mensaje (dictado) del Señor, destacando algunos puntos:

1 – “Estando Yo de paso por Galilea, Mi corazón que Me fue dado por Mi Padre se alegró en Mi por tudo cuanto vi.” No debería haber gozo del Señor, porque en esta Galilea profética, existía mucha cosa desagradable. Sin embargo, Jesús se siente alegre, porque todas las situaciones precarias son resueltas por Él, porque Galilea es el lugar elegido por Dios para difundir la Luz del Evangelio, como es profetizado por Isaías: “Como en tiempo pasado humilló la tierra de Zebulón y la tierra de Neftalí, en el futuro cubrirá de gloria el camino del mar, a Transjordania (más allá del Jordán) y la Galilea de las naciones. El pueblo, que andaba en la oscuridad, vio una gran luz; a los que habitaban en la región tenebrosa resplandeció una brillante luz.” (Isaías 9:1-2)

2 – “Vi en Cafarnaúm los agricultores que cuidaban de sus tierras, porque había amor por todo aquello en que trabajaban. Y aquellos que habían cogido mucho repartían con los otros que habían cogido poco.” De la misma forma y analizada a la Cafarnaúm profética, mostrando una futura realidad espiritual, eclipsada por una situación también resuelta por el Señor.

Cafarnaúm (en hebreo, Aldea de Consolación) en la época de Jesús era una ciudad casi pagana, según lo dicho del Señor. Fue en este lugar donde Jesús llamó a los discípulos Juan y Jacobo (o Santiago), conforme y relatado en el Gran Evangelio de Juan. (El Gran Evangelio de Juan – I – 12)

También hubo muchos milagros que Jesús realizó en este lugar. Destacamos uno, por el sentido profético vinculado a la experiencia del profeta de la abundancia de peces.

Después de una abundante pesca por milagro del Señor, los enormes peces que dieran la red fueron guardados vivos en el tanque de una posada en la que estaba el Señor, perteneciente a cierto Matías. Los fariseos se enteraron del milagro y, como las aves rapaces, vinieron a contar los peces y a retirar el diezmo, como era habitual. Cuando llegaron junto al tanque, no se encontró ningún pez. Conociendo su intención, el Señor había hecho desaparecer de los peces del tanque. Después de que los fariseos enojados se retiraron del sitio, el Señor repuso los peces en el tanque. (El Gran Evangelio de Juan – VI – 66)

Grande es la enseñanza espiritual de este acontecimiento. También hoy, los nuevos fariseos tratan de aprovecharse de los milagros del Señor, como si de alguna manera hubieran contribuido a su manifestación. Esta realidad fue profetizada por el apóstol Pedro, cuando escribió: “Y por avaricia te harán hacer negocios con palabras fingidas; en el que ya mucho tiempo no se retrasará la sentencia, y su perdición no duerme.” (II Pedro 2:3)

3 – “Llegando Yo a Jerusalén, Yo me aborrecí por causa de la maldición del hombre.”

La ciudad de Jerusalén (en hebreo, Ciudad de Paz) fue destinada por Dios para ser la capital del mundo. Mas, a lo largo de los siglos, se transformó en un lugar despreciable a los ojos del Señor, al punto de Él decir, en Su segunda purificación del Templo de Jerusalén: “Está escrito: mi casa será llamada casa de oración – más vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones.” (Mateo 21:13)

Fue en este templo donde Jesús difundió gran parte de Su doctrina y en repetidas ocasiones entró en conflicto abierto con los fariseos. Muchos milagros también se han realizado en esta ciudad. Pero fue también en Jerusalén cuando todo culminó, con el juicio injusto del Señor Jesús, Su humillación y Su condena a muerte por crucifixión.

Analicemos la primera purificación del Templo.

Dice la Escritura: “Y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados.” (Juan 2:14)

El Señor Jesús también dice acerca de los hechos de la época: “Cuando llegué a esta ciudad, encontré una situación indescriptible, porque había muchos que temían penetrar en el Templo debido a la aglomeración de los vendedores y también de los animales que a menudo se desbandaban entre los hombres. No sólo esto, sino el ruido y el hedor que exudaba de los animales Me perturbaba y también a los Míos, tanto que Pedro y Natanaél Me preguntaron: Señor, ¿no tienes relámpagos y truenos a Tu disposición? Ves, los pobres fieles que vienen de lejos para honrar a Jehová ni siquiera pueden pasar a través de los bueyes y los carneros; otros lamentan que, después de mucho sacrificio, consiguen entrar y salir, sin embargo, completamente robados de los bienes que traían. ¡Esto es el colmo! Es preciso poner fin a este despropósito. Ya excede los horrores de Sodoma y Gomorra.

Un viejo judío que estaba cerca se aproxima y dice: Mis amigos, no sabéis todo. Hace tres años era un sirviente común en el Templo y vi cosas que ponían los pelos de punta.

Digo Yo: Guárdate esto, porque sé todo lo que está pasando aquí. Les aseguro, sin embargo, que la medida está completa y que todavía verán la acción del Todopoderoso y la ira de Dios. Aléjate un poco de los portales para que no seáis perjudicados cuando estos profanadores del Templo sean expulsadas.” (El Gran Evangelio de Juan – I – 13)

Lugo registramos las revelaciones transmitidas por el Señor en la reunión de que los dos siervos (profeta y “escriba”) tuvieron. Al principio de la reunión, fue dado al profeta para observar en visión un templo totalmente blanco, muy grande pero de trazos simples. Parecía una casa grande.

Mientras el profeta observaba este gran edificio, oyó la Voz del Señor decirle: “Este Nuevo Templo que tú ves es el Nuevo Mundo.”

El profeta le preguntó al Señor qué significaban el Nuevo Templo y el Nuevo Mundo.

En ese momento, también en visión, pudo ver de nuevo el gran templo, ahora apoyado sobre cuatro patas de león y llevando el globo terrestre como soporte. De repente, la pata izquierda que soportaba la parte delantera se partió y el gran templo se inclinó, quedando solamente apoyado en tres patas.

El profeta preguntó a Señor: “¿Qué es esto?”

Respondiéndole el Señor: “Esta es la rotura para el mundo.”

El Señor volvió a hablar, más en un tono más fuerte: “Pueblo Mio, levantad la parte que se inclinó y colocadla en la posición normal, para que Mi palabra sea firme en la Nueva Tierra.”

En ese momento, todo el pueblo de Dios estaba afligido y muchas personas acudían de todos lados, como si fueran un solo hombre, poniendo sus manos en el lugar donde se había roto la pata del león, y el templo quedó estabilizado.

El profeta preguntó: “Señor, ¿por qué fue necesaria esta prisa de Tu pueblo para estabilizar el templo?”

E Señor le dice: “¡Es el fin! ¡Es el fin! ¡Es el fin!

Sois participes del Nuevo Templo.”

Por tres veces es repetida la frase: “¡Es el fin!”

Teniendo por base revelaciones anteriores, entendemos que en cada repetición el Señor está señalando un tiempo.

Los dos siervos buscaron al Señor, buscando entendimiento sobre esas revelaciones, habiendo sido dichas por el Padre:

“Así que fue en aquel día que el hombre hizo y adoró al becerro de oro, preparándolo con todo el oro de la tierra.

En los tiempos en que Yo pasé, hasta el día de hoy, Yo hice el mar y junté y separé los océanos; más el hombre hizo del mar una enorme boca de grandeza. Creado fiestas, creó descubrimientos y creó grandezas.

Por causa de ellos y por causa de la propia boca que hicieron en el mar, el mar se ha tragado todo lo que es de gran valor para el hombre.

Todo lo que era grandeza estaba en el fondo de los mares; y hoy, por su angustia y codicia, han buscado lo que les pertenece, pero nunca encontrarán la parte más importante para ellos.

Pero cuando Yo haga secar los océanos, toda la riqueza que el hombre, por su voluntad y codicia, hoy tiene como angustia en sus corazones.

Toda la riqueza que se encontrará ese día en el fondo de los mares, todo será traído a la tierra. E incluso si el pueblo de la tierra no quiera, Yo iré a subyugarlos, para que ellos mismos puedan hacer con la riqueza que estaba en el fondo del mar y Me den alabanzas; haciendo con sus propias manos, de aquellas riquezas que estaban en el fondo del mar, un candelabro de oro para que Me honren y Me presten alabanzas.

Profeta, mira el monte de leña que está delante de ti.

¡No tiene fuego!

Mira el otro monte de leña que está dentro.

– ¡No tiene fuego!

– ¡No tiene fuego!

– ¡Profeta, haz la hoguera en el monte de leña!

– ¡Profeta, haz la hoguera en el monte de leña!

Señor, ya veo la hoguera arder.

Habla al otro hombre que está delante del otro monte de leña, pues él no tiene fuego. Dile para hacer lo mismo y verás que él no consigue encender su leña.

Mira lo que él te va a pedir.

Dice el hombre: “Enciende con tu hoguera el monte de mí leña.

Toma de él una antorcha y ve al monte de tu leña y pon  fuego a mi leña».

Dice el profeta: «Señor, la hoguera de él no arde con la antorcha de mi hoguera.”

¿No sabías que su leña está podrida por causa de los bichos que están en la leña de él? ¡Ni siquiera sus propios bichos quieren Mi fuego!

Dice el profeta: “Señor, quien es este hombre?”

Preguntas bien.

Te diré una parábola: Había un pastor que habló con sus ovejas. Pero este pastor hablaba con un corazón engañoso y las ovejas no encontraban pastos. Las ovejas, Mi siervo y Mi profeta, hambrientos como estaban, ellas mismas mataron al pastor.”

Análisis de este segundo dictado del Señor:

1 – “En los tiempos en que Yo pasé, hasta el día de hoy, Yo hice el mar y junté y separé los océanos; pero el hombre hizo del mar una enorme boca de grandeza. Creado fiestas, creó descubrimientos y creó grandezas.” Este mensaje debe ser analizado espiritualmente, pues el Señor está diciendo que durante Su Ministerio terrenal Él estableció una doctrina pura, separando lo santo de lo profano “separé los océanos”, más el hombre tergiversó el mensaje recibido, edificando nuevamente la mentira e la idolatría y creando una religión de culto externo – “hizo del mar una enorme boca de grandeza”.

2 – “Toda la riqueza que se encontrará en aquel día en el fondo de los mares, todo será traído a la tierra. Y mismo que el pueblo de la tierra no quiera, Yo iré a subyugarlos, para que ellos mismos puedan hacer con la riqueza que estaba en el fondo del mar y Me presten alabanzas.” En esta profecía el Señor está mencionando que a través del mensaje de  La Nueva Revelación, toda la Verdad será descubierta y la humanidad sabrá de la oscuridad espiritual, proclamando a Dios verdadero; y mismo sin mirar será confrontada con la doctrina pura o, ‘La Nueva Jerusalén’ – “Y mismo que el pueblo de la tierra no quiera, Yo iré subyugarlos … y Me presten alabanzas.

Toda la rodilla se doblará ante el Creador del Universo. Y sólo entonces el hombre, despojado de todo orgullo, cuando en aquello en que había depositado la confianza comience a  derruirse ante sus ojos, prestará verdadera adoración al Señor. Dice La Escritura: “Porque está escrito: Por mi vida, dice el Señor: que toda rodilla se doblará delante de mí, y toda lengua confesará a Dios.” (Romanos 14:11)

Esa será la época de las épocas, en que el hombre amará verdaderamente a su Dios y a su prójimo como a sí mismo. En ese momento, incluso los animales participarán en esta bienaventuranza, como dice la Escritura: “El lobo habitará con el cordero, y el leopardo se echará junto a cabrito; o becerro, el león y la bestia domestica andarán juntos, y un niño los guiará.” (Isaías 11:6)

¿Quién participará en esta Nueva Tierra donde reinan la paz y la concordia entre todas las criaturas de Dios? ¿Y qué pasará antes de que todo esto se cumpla?

En primer lugar, esta tierra sufrirá grandes cataclismos. A través de estos cataclismos, el Señor trata de despertar a la humanidad de su materialismo, para mostrarle el camino de regreso a la calidez del Padre. Desafortunadamente, la gran mayoría no aceptará esta forma de Dios para despertar a la gente, y blasfemarán contra el Creador, como se dice en el libro de la Revelación: “Y los hombres fueron abrasados con gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas; y no se arrepintieron para darle gloria.” (Apocalipsis 16:9)

La Escritura nos dice que sólo un tercio de la humanidad sobrevivirá a estos grandes juicios de Dios sobre la tierra: “Y haré pasar esta tercera parte a través del fuego, y la purificaré, como se purifica la plata, y la probaré como se prueba el oro. Ella invocará mi nombre, y yo la escucharé; Diré: Es mi pueblo; y el dirá: El Señor es mi Dios.” (Zacarias 13:9)

3 – “¡No tiene fuego! Mira el otro monte de leña que está dentro. ¡No tiene fuego! Profeta, ¡haz la hoguera en el monte de leña!” Estos dos montes de leña representan las vidas que tienen que ser prendidas por el Fuego del Espíritu de Dios. Sabemos que la religión externa no tiene poder, más el Espíritu Santo puede incendiar un nuevo Pentecostés. Por lo tanto el profeta prende la leña y el hombre (Satanás) no consigue hacer lo mismo. 

4 – “Voy a hablarte una parábola: Había un pastor que hablaba a sus ovejas. Mas ese pastor hablaba con corazón engañoso y las ovejas no encontraban pasto. Las ovejas, Mi  siervo y Mi profeta, hambrientas como estaban, ellas mismas mataron al pastor.” Esta parábola muestra el desmoronar de la falsa religión y el rechazo de su liderazgo, porque las personas han llegado a la conclusión de que han sido engañadas “hambrientas como estaban, ellas mismas mataron al pastor.”

Figura 2

También te puede gustar: